lunes, 8 de agosto de 2016

CAPITULO 5



Lejos estaban ya los días, de la revolución que estallara en Dolores Guanajuato en 1810, los actos de vandalismo que encabezara el padre Miguel Hidalgo, mismo que pese a su excomunión, muerte y decapitamiento, fuera secundado por otro insurgente, el párroco de Zitacuaro José María y Morelos, mismo que declarara ante la resistencia del Ejército Realista, en los Sentimientos de la Nación que la “América es libre e independiente de España y de toda Nación, Gobierno o Monarquía”. De esta manera, México declaraba su independencia de la Corona Española; sin embargo, no sería hasta el 27 de septiembre de 1821, cuando ante la comunidad de las naciones del mundo, el autoproclamado Imperio Mexicano, nacía como un Estado libre y soberano. Autoproclamándose haber salido de la opresión en la que vivió trescientos años, habiendo consumado la empresa eternamente memorable que “un genio superior a toda admiración y elogio, por el amor y gloria a su patria, principió en Iguala, prosiguió y llevo a cabo, arrollando obstáculos casi insuperables. – El ilustrísimo Agustín de Iturbide.

Claro, la nueva Nación, sería reconocida políticamente por otros Estados y su forma de gobierno, sería la monárquica limitada por una Constitución, de conformidad a lo pactado en el Plan de Iguala y a los Tratados de Córdoba; entre tanto ocurriera eso, se designaría una Junta Provisional y una Regencia, a efecto de hacer la invitación al Serenísimo Rey de España Fernando VII para que éste aceptara la Corona Mexicana. En caso de su negativa, el Infante Carlos o el heredero de Luca, el serenísimo infante de España Don Carlos Jesús y en caso de la negativa de todos estos; aquellos que designaren las Cortes Españolas.

A consecuencia de lo anterior, los treinta y ocho miembros de la Junta Provisional Gubernativa, realizo como primer acto político y jurídico, fijar los títulos con el que se legitimaba la autoridad del caudillo; lo aclamaron como generalísimo de las armas de mar y tierra o simplemente almirante generalísimo; se le asignó un sueldo de ciento veinte mil pesos anuales, mismos que le serían pagados en forma retroactiva desde el 24 de febrero del 1821, fecha en que acordó el Plan de Iguala con el insurgente Vicente Guerrero, constituyendo el Ejército de las Tres Garantías – Religión, Independencia y Unión – con el que varios militares realistas, se adhirieron a la causa de los insurgentes. A parte de lo anterior, la Junta Gubernativa otorgo a Iturbide un millón de pesos de capital propio, regalándole también un terreno de veinte mil leguas en el cuadro de la provincia de Texas, dándole el trato de Alteza Serenísima.

La Junta Gubernativa proclama el acta de independencia de la nueva nación independiente. También emitió la formación de un Congreso Constituyente, mismo que se instaló a un año de proclamarse el Plan de Iguala, mismo que juro, que la religión católica sería la única con exclusión e intolerancia de cualquier otra, al igual que respetar los Tratados de Córdoba en lo referente a los llamamientos del trono de los príncipes de la Casa de Borbón; hasta que por la iniciativa de un diputado de nombre José María Fragoaga, propuso declarar al Congreso, como ente soberano.

Obviamente el templo jesuita de San Pedro y San Pablo, lugar donde sesionaba el congreso constituyente, se conmovió con la propuesta del diputado Fragoaga, el cual al ser aprobada por el pleno, facultaba a los representantes del recinto, a declarar la forma de gobierno que mas le complaciera, sin encontrarse la misma limitada a lo que dispusieran los acuerdos políticos sostenidos con anterioridad, o al consentimiento o la aceptación de la independencia que de la misma hiciera la alta nobleza española, o sus respectivas Cortes. Razón por la cual, ante la negativa de España de reconocer la independencia de México, una muchedumbre turbulenta compuesta por soldados y el populacho, asalto la tribuna del Congreso, quien habiendo presionado a los diputados, entre sus gritos y la euforia que produce el apasionamiento político, declaro a Iturbide como Emperador de México.



-    En verdad, fue proclama popular, el que nombró a Iturbide Emperador de México. – Pregunto el maestro Salcedo Salmorán, al decano el Doctor Samuel Rodríguez, ilustre profesor de la Academia de Jurisprudencia, egresado de la Universidad de Salamanca, quien alguna vez fungiera como asesor en el Consejo de Indias, en Madrid España.
-    No lo creo licenciado. Ese acto vergonzoso que le acabo narrar, fue el primer golpe de Estado. El primero de tantos, con el que iniciamos nuestra vida nacional y con el que comienza la desgracia política de nuestra joven patria – el Doctor Rodríguez, se disponían a impartir su respectiva cátedra de Derecho Publico, no sin antes, de continuar con la disertación política que le comunicaba a su ayudante, el licenciado Jorge Enrique Salcedo Salmorán.
-    Algo, que sigo sin entender, es porque nuestra patria, inicio con esta inestabilidad política. Que yo sepa en Norteamérica, no ha sucedido ningún golpe de Estado; pues es de todos conocidos que en casi sesenta años de edad, sólo ha tenido dicho país una constitución política y nueve presidentes, a diferencia de nuestro país, que con tan sólo veintitrés años de edad, hemos pasado por tres constituciones políticas y más de quince presidentes.
-    ¡Efectivamente¡. México nació dividido. Los insurgentes que iniciaron la revolución de 1810, fueron doblemente derrotados por los realistas españoles. Fueron ellos los que ganaron militarmente, aniquilando a Hidalgo y Morelos. Para posteriormente, hacerlo en forma política, con la coronación de Agustin de Iturbide y la llamada consumación de la independencia. ¡Es obvio que México nace dividido¡. Los enemigos de la independencia de México, durante la época de Hidalgo y Morelos, fueron los mismos que logran su consumación.
-    Será por eso, que años después, Iturbide fuera desconocido. ¿No cree que fue hasta 1824 con el Plan de Casa Mata, cuando México adquiere realmente su independencia.
-    ¡No mi distinguido licenciado¡. La verdad es que México no adquiría su independencia política hasta en tanto, no logre definir su rumbo político, su forma de gobierno y su posición de supremacía ante la Iglesia Católica. Sepa que el Plan de Casa Mata, constituye, la segunda revuelta militar en este país, en la cual bajo el argumento de defender el Congreso que había sido disuelto por Iturbide, se propone un gobierno republicano de corte federal, similar al de los Estados Unidos, en atención a la propuesta de las logias masónicas provenientes de Norteamérica.
-    ¿Y no le parece eso bien?.

El Doctor Rodríguez, se quedo mirando a su asistente, con un gesto que bien podía leerse, el asombro de la estupidez y la ingenuidad de su ayudante.

-    ¿Bien para quien?. Para Estados Unidos o para México.
-    Para México obviamente.
-    Licenciado Salcedo, no sea tan ingenuo como parece serlo. El federalismo mexicano no puede implementarse en una cultura como la mexicana, donde no se cuenta con una cultura democrática como la que existe en Inglaterra o en los Estados Unidos; no olvide el autoritarismo de los aztecas y el centralismo con el que el Rey de España gobernó durante trescientos años la Nueva España. ¿Cómo es que piensa Usted que el federalismo americano pueda ser compatible en una cultura como la mexicana, donde no existe antecedente alguno de asambleismo, más que del autoritarismo del Rey, mismo que ni siquiera se encontraba en México. ¡Vaya¡; donde los asuntos regionales, no se discutían entre la gente de la comunidad, sino que los resolvía los funcionarios de la ciudad o del otro lado del Océano?. ¿Cómo piensa Usted, que México pueda tener un federalismo al más estilo americano, si ni siquiera cuenta con la experiencia de un Poder Judicial?; no olvide, que la máxima autoridad legislativa, ejecutiva  y judicial durante esos trescientos años de dominación, era el Rey de España; y que si bien es cierto, existía un tribunal al que denominaban Consejo de Indias, mismo que asesoraba al monarca en los asuntos relacionados con las entonces provincias americanas, sus disposiciones no eran cumplimentadas. De que servia que el Rey, o el Consejo de Indias, prohibiera el maltrato a los indios, si los peninsulares de América, alejados del imperium de la autoridad española, hacían aquí, lo que se les daba la gana. ¿Cómo puede creer que el federalismo americano, pueda darse en una sociedad como la nuestra, que no se encuentra acostumbrada a discutir civilizadamente, sobre los asuntos políticos, ni tampoco, a respetar los actos de sus gobiernos legítimos?.

El gobierno monarca de Iturbide, disolvió el Congreso en 1822; lo que provoco varios levantamientos militares. Entre ellos el Plan de Casa Mata, revuelta encabezada por el general Antonio López de Santa Anna, distinguido militar, que se proclamo “protector de la federación” y “fundador de la república”, sin que el susodicho, supiera que era una república, ni mucho menos una federación.

Esos eran los tipos de comentarios que el Doctor Rodríguez, siempre decía en sus conversaciones, siempre tan amenas, tan criticas y con momentos de una reflexión política, que difícilmente, su ayudante Salcedo, podía encontrar en otros distinguidos académicos.

La “revuelta popular” de 1823, desemboca un federalismo, muy a la mexicana. Guanajuato, Morelia, San Luis Potosí, Zacatecas, Oaxaca, Guadalajara y Querétaro, exigieron la convocatoria a un congreso constituyente que resolviera una forma de gobierno federal; mientras eso ocurría con algunas asonadas militares, representantes de Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, se reunieron en Monterrey, para proponer una federación con México; al mismo tiempo, que la provincia de Guatemala se separaba de México. Lo mismo hizo después, Oaxaca, Guadalajara, Colima y por supuesto Yucatán. En pocas palabras, el país apunto de desintegrarse de la noche a la mañana. Sólo pudo unificarse, con la propuesta que hicieran Fray Servando Teresa de Mier, José del Valle y Ramos Arizpe; al presentar las bases constitucionales de una república federal.

-      ¿Ahí nace la independencia política de nuestro País?.

De nueva cuenta, el Doctor Rodríguez, se quedó mirando a su ayudante, volviendo decir mentalmente, lo idiota que era su asistente. Seguía sin entender, que el federalismo mexicano convenía a los Estados Unidos, por preferir a un país dividido en varios que unido en sólo uno. Que detrás de la conspiración de 1823, se encontraba el embajador Poissent y sus agentes infiltrados, a través de las logias masónicas.

¡Claro que había razón en el Clero¡. La religión católica era el único factor de unidad nacional. Permitir la intromisión del protestantismo, en suelo mexicano, sería a la larga un factor más de división política y social. ¡Obvio que tenía razón el clero, al imponer como religión única el catolicismo. Si aun siendo ésta la única religión, los colonos del norte del país, invadían poco a poco el territorio nacional, bajo la amenaza, de que tarde o temprano, buscarían su separación de la joven república mexicana. Por ello, los culpables del desorden en que vive el país, eran los masones y sólo ellos, quienes al proclamar la libertad de cultos y su forma de gobierno republicana federal, lo único que provocaban era mayor división entre los mexicanos. Que nadie se dio cuenta que durante los trescientos años que gobernaron los virreyes, no habían existido tantas revueltas militares, como las vividas en los últimos años.

-      El federalismo mexicano, fue el tipo de gobierno que se aplico en el país, de 1824 a 1836.  Durante esos años, conforme a lo dispuesto a la Constitución, debió de haber existido tres periodos presidenciales y al menos seis legislaturas. ¡Pero la verdad, no fue así¡. Guadalupe Victoria sería el primer presidente Mexicano, por el periodo que corre de 1824 a 1828, terminando su periodo presidencial, México vuelve a mostrar su falta de madurez política, al igual que evidenciar ante la historia, la calidad moral de sus gobernantes.


Que verdad seguía teniendo el clero católico, al acusar en sus círculos más privados, que los masones eran los que habían provocado la división política del país.  ¡Había que excomulgarlos a todos¡. ¿Qué intenciones tenían el proponer esa forma de gobierno tan incompatible con la forma de vivir del pueblo mexicano, que era el dichoso “federalismo”. Ninguna otra intención, que dividir el país, apropiárselo, fomentar la política expansionista del pais. Texas sería el ejemplo. El complot orquestado para que Norteamérica se apoderada de Texas, fue deliberadamente planeada, desde estas malditas logias de pseudo libres pensadores, gente sin escrúpulos que atentando contra la Santa Fe, sirven a los interés políticos mas mezquinos del mundo.

Habiendo terminado el periodo presidencial del general Guadalupe Victoria y teniendo nuestro país, la primera oportunidad de mostrar su apego total a las instituciones de un gobierno republicano, democrático y federal; surgieron dos candidaturas presidenciales, cada una de ellas postulados por dos respectivas logias masónicas; los yorkinos quienes escogieron al insurgente Vicente Guerrero y los escoceses hicieron lo mismo, al elegir al Señor Manuel Gómez Pedraza. ¡Malditos mercenarios de buena educación¡ el resultado constitucional, fue el triunfo del señor Pedraza, sin embargo, el candidato perdedor se inconformo con el resultado de la elección y envalentonado, por sus secuaces los militares, en particular, por el general Santa Anna, “el héroe de Tampico”, decidieron desconocer el resultado de la elección presidencial. ¿Cuál fue el resultado de esa primera batalla ideológica entre la Constitución y los militares?. La derrota del Derecho, de sistema político mexicano, la clara evidencia de que el federalismo mexicano, era sola una farsa, una burda imitación de una republica tan distinta en costumbres y en idiosincrasia como la americana, nada que ver con el pueblo mexicano, donde sus mejores familias, el clero y la clase militar, no estarían dispuestos a ceder a ningún cambio radical proveniente del extranjero. El Congreso, nuestro digno congreso, compuesto sólo por oradores leguleyos de baja cultura jurídica, decidió, adherirse al “sentir popular” y proclamar, al general Vicente Guerrero, como el futuro Presidente de México, quien seguramente gobernaría a México de 1828 a 1832.

-    Pero tengo entendido Doctor, que a Vicente Guerrero lo fusilaron.
-    ¡Claro muchacho¡. Los mismos que apoyaron al general Guerrero en su aventura militar por el desconocimiento a la Constitución, fueron los mismos, quienes también lo asesinaron. También en el nombre, de la defensa de la Constitución.

No era para mas, Vicente Guerrero era sólo un indio mulato sumamente iletrado y analfabeta, además de ser todo un mugroso cuya vida salvaje, no le permitía portar con distinción, el traje militar, ni mucho menos, la investidura que exige el ser Presidente Constitucional de una república; un simple  ignorante de la política y la Jurisprudencia, un indio cuyo destino lo convirtió en militar, no de carrera, sino del populacho, de la revuelta insurgente, un simple títere, primero de los insurgentes, luego de Iturbide, después del embajador americano Poissent, para finalmente, ser totalmente manipulado por su amigo, el general Antonio López de Santa Anna.

El Plan de Jalapa sería la cuarta revuelta militar,  se da cuenta Salcedo, en tan sólo siete años, habían existido en México ya cuatro revueltas militares, cuatro hombres con atributos, que en nada se aproximaban a los tlaltoanis aztecas; el Vicepresidente, también el general Anastasio Bustamante y el otro militar, un tal Melchor Muzquiz, se alzaron en contra del gobierno, apoyados, por la supuesta entidad libre y soberana de Veracruz, una región meramente caciquil ya entonces controlada por Santa Anna. El ilustre presidente de México Vicente Guerrero fue a combatir a los rebeldes, pero para eso, Puebla, Veracruz y la misma capital en la Ciudad de México, existía toda una revuelta militar, el cual nuevamente, el Congreso, cediendo a las presiones políticas y sociales del momento, resolvió por conducto de la Cámara de Senadores, a declarar a su Presidente como “incapaz” para gobernarnos. ¡Brillantes legisladores¡. Como no pensaron eso meses antes, cuando en contra del resultado legal que le había dado el triunfo a Gómez Pedraza, fueron ellos mismos quienes resolvieron, otorgarle la presidencia de la república, al insurgente Vicente Guerrero. ¡Estúpidos legisladores¡, que un día votan y meses después, vuelven a votar en contra por aquello por lo que ya habían votado a favor. ¡Usted cree que con esos ilustrísimos legisladores, nuestro país, puede aspirar a convertirse en toda una Republica¡.

Guerrero, termino igual que Iturbide, al igual que Morelos e Hidalgo. Fusilado. Muertos frente al paredón de los militares. Para 1829, el general Anastasio Bustamante se convierte en el hombre fuerte del país, no en el Presidente, sino en el hombre fuerte del país; un sujeto que gobernó despóticamente, un tipo sin fama y sin gloria, pero con el poder que las arcas nacionales, la bendición papal y la fuerza que las bayonetas otorga.

Anastasio Bustamante gobernaría escasamente unos tres años, cuando de nueva cuenta, surge la quinta revuelta militar. Esta vez un tal general Gabriel Valencia se levanta en armas, pidiendo la destitución de Bustamante y la intervención de Antonio López de Santa Anna, para que encabezara la revuelta. ¿sabe cual fue el resultado?. Los gobiernos locales de Veracruz y Zacatecas desconocieron al Presidente, quien imposibilitado y derrotado militarmente, renuncio al cargo, a fin de que la revuelta pudiera de nueva cuenta, restaurar la valiosa e inmemorable Constitución de 1824.


Manuel Gómez Pedraza, el ilustre señor quien ganara la Presidencia frente a Guerrero y fuera destituido por los militares en 1829; quien habiendo partido al exilio en Francia regresara a México tan pronto se enterara que Guerrero fuera depuesto por el Congreso en el nombre de la Constitución; el mismo Pedraza que al llegar al Puerto de Veracruz se le impidiera su ingreso al país, con la excusa de que evitara provocar mayores problemas a la Nación, habiendo partido a otro exilio a Nuevo Orleáns; sin embargo meses después,  el ilustre e insigne Señor Gómez Pedraza, acepta regresar al país invitado por los mismos militares que lo destituyeron, para que “concluyera”, el periodo presidencial, que por derecho le correspondía.

¡Vaya¡ ¡Vaya¡. Valiente y distinguida dignidad del señor Pedraza, aceptar ser el títere de los militares que años antes lo habían destituido, para después, con el apoyo de ellos, regresar al país. ¿Esa es la defensa de la Constitución?. ¿Podremos llamar a todos estos distinguidos personajes de la vida política nacional, hombres congruentes con sus ideas?. ¿Qué les representa el país?. ¿Qué ideales pueden tener para que en sus discursos hablen de Constitución, Republica y Federalismo, cuando son sus bayonetas quienes hablan por sus actos vergonzosos. Y que decir de nuestros legisladores. De ellos, no quisiera decir comentario alguno.

Gómez Pedraza gobernaría el país tan sólo unos cuantos meses; los necesarios para que una vez restaurada la Constitución de 1824, se convocara a elecciones presidenciales y fueran declarados como Presidente y Vicepresidente de la República, nada menos y nada más, que el general Antonio López de Santa Anna y el ilustre y por cierto, dignísimo y respetadísimo doctor Valentín Gómez Farias.



¿Ese Santa Anna, quien diablos era ese tal Santa Anna?, que hasta el día de la fecha, tiene un peso político en el país. Un hombre amadísimo y por otros lados, tan odiado. Admirado y temido. Héroe y villano. Patriota y según  algunos rumores, un vil traidor. ¿Quién diablos era ese tan Santa Anna, que de la noche a la mañana, se había convertido en el político mas importante del país.

Santa Anna, el jefe militar de Veracruz, quien se sumara al Plan de Iguala en 1821 y apoyara a Iturbide en 1821. El mismo, cuyos meses después lo desconociera y se autoproclamara el “Protector de la Federación”; el mismo militar de buen trato, educado, de buen porte militar con un elocuente discurso, digno de cualquier vulgar Casanova, ese ilustre hombre, al quien no quisiera nunca en mi vida conocerlo, por evitar conocer en este mundo, tipos más pedantes, soberbios e ignorantes, que los que imparten clases en esta Academia. Ese sujeto, de cuyo nombre no quisiera nunca mencionar, es el que ha destruido la nación; es la maldición del país; es el que habiendo apoyado militarmente a Iturbide lo desconoce; quien impulsa a Guerrero y nada hace para evitar su derrocamiento; el que desconoce a Gómez Pedraza para luego después restituirle la magistratura que con la fuerza de las armas se la había arrebatado. El ilustre general de Santa Anna, que no pudo expulsar a los españoles de San Juan de Ulua, pero que se logra convertir en héroe nacional y hasta en “Benemérito de la Patria”, por haber derrotado en Tampico, con la ayuda del clima y de los mosquitos, al “segundo Hernan Cortes” Barradas.

Ese es el hombre fuerte del país. Es el que cuenta con el apoyo de todos los militares, de todos los clérigos, de todos los hombres que se dicen cultos, inclusive, hasta de los propios masones. Ese es el hombre, que gobierna el país y el que todavía no existe hombre alguno en este país, que logre desenmascararlo y ponerlo en su lugar.

En ese momento Salcedo pensó en el general Santa Anna y en cada una de las palabras de su maestro. ¿Quién pondrá en su lugar, al Supremo y Dignísimo Antonio López de Santa Anna?. ¿Quién será el hombre valiente que logre derrocarlo y expulsarlo en forma definitiva del país?. Creo que el Doctor Rodríguez es sólo un excelente analista político, cuyas aulas universitarias lo esconden bien; no sabía después de todo, que bien o mal, Santa Anna era el hombre fuerte del país, era el único mexicano capaz de poner el orden dentro de esta anarquía en que se había convertido la república; injusto reconocer sus cualidades de reconciliador, era el único político mexicano con poder de convocatoria.

Sin embargo, por otra parte, el Doctor Rodríguez, veía con simpatía a su alumno, había que reconocerle sus destellos de inteligencia que le hacían formular brillantes preguntas. Pero la verdad, era que Salcedo es un joven noble, de buenos sentimientos, pero por momentos demasiado imbécil. Un talento que bien podía aprovechar la Academia, pero que también, cualquier bastardo político podía echarlo a perder. ¿Cómo salvar a este muchacho y convencerle que no es en la política donde encontrara su vocación por la vida; que no es al servicio de los militares y de de sus panfletos revolucionarios los que lo llevarían a convertirse en un hombre libre. Por eso había que maltratarlo; había que mostrarle que el camino estaba en las aulas de la academia; que la verdad de la vida, de la que podía poner orden en la sociedad, estaba en la Jurisprudencia. ¡Bendito Derecho¡. Construir un país, una nación libre, independiente y soberana, por la gracia no de Dios, que es grande y misericordioso, sino por los hombres, quienes somos igual de sabios y justos, como la imagen y semejanza de nuestro creador, el Divino. Capaces de crear gobiernos donde los gobernantes vieran limitados sus atribuciones conformes a las normas que emitiera el Congreso y bajo la protección y tutela que otorgaran los hombres mas justos que pudiera ofrecer la República, que no eran ni los diputados, los clérigos, los militares, el presidente o cualquiera de sus burócratas, sino los jueces. 

Pero aunque pensara eso el ilustrísimo Doctor Rodríguez, a éste le dolía reconocer el poder de convencimiento de Antonio López de Santa Anna. Él, era el único que podía sentar en la misma mesa, tanto a masones como a católicos, tanto a federalistas como a centralistas; Santa Anna bien o mal con todos sus defectos y virtudes, era el único ser humano en la tierra, capaz de sentar en la misma mesa a Dios y al Diablo.

El Doctor Rodríguez se quedó mirando a su alumno, como si le leyera el pensamiento. - ¿Pero que puedes tu saber sobre la política mexicana, si vives de ellos?. ¿No dudaría que conoces al maligno de México?. ¿Serás un santaannista infiltrado en las filas de la Academia?. ¿Será toda tu inteligencia aprovechada para servir a los intereses más mezquinos de la patria?. Tu lugar es la Academia, naciste para ser académico, para enseñar y formar hombres de bien, no ponerte al servicio indigno de los políticos. Pensaba en todo esto el ilustrísimo Doctor Rodríguez, cuando caminaba por aquellos pasillos de la Escuela disertando con su alumno de estas cuestiones que sólo los hombres de letras podían entender. - ¡Qué lástima si Salcedo se deja pervertir por esa masa de ignorantes y se deja tentar por los corruptos gobernantes?. ¿Su lugar no era trabajar y servir vilmente a los militares,  su lugar está aquí conmigo. A formar hombres libres, abogados justos, que ayuden a construir la institucionalidad que exige el pais. Su lugar es la Universidad. Aprender, conocer, enseñar, escribir y vivir para la academia.



-              Maestro, - preguntada Salcedo - el último gobierno federalista, el del Doctor Valentín Gómez Farías, no dejo en un estado anárquico el país; no cree que al atentar contra ciertos intereses privilegiados como los que tiene nuestra Santa Iglesia Católica, no ponía en riesgo, la estabilidad del país. No cree que Gómez Farías, en su periodo como Presidente de la Republica, logra evidenciar, que no solamente es la lucha por la legitimidad política la que debe refrendar nuestro pueblo, sino también, hacer posible, el cambio en las estructuras sociales y económicas en las que se encuentra cimentado el país.


-              Salcedo, debe Vos aprender muchas cosas; algunas de ellas a informarse. A ser objetivo y analizar la historia, pero sobre todo la política desde un enfoque crítico, que logre anteponer en forma justa y en su acertada dimensión, la verdad de los hechos.

Tan pronto llegara a la presidencia Antonio López de Santa Anna, éste solicitaría licencia en el cargo, por motivos de salud, declarando su no ambición por el poder político que le ofrecía a la Presidencia; se retiraría el más humilde hijo de la patria, para retirarse a su Hacienda Manga del Clavo y permitir que fueran los hombres de letras, las personas cultas que tuvieran conocimiento del Derecho, de la Hacienda Pública, de la Geografía, de la Agricultura, la Minería y los recursos naturales; los que gobernaran con sabiduría y justicia al país. Como el doctor Valentín Gómez Farías, ilustre gobernador de Zacatecas, quien además de ser amigo del general Santa Anna, le había ofrecido alguna fórmula para gobernar eficazmente y sacar adelante el país, del enorme rezago económico y social en el que se encontraba. – Se trataba, su Señoría, de ofrecerle una forma de gobierno que lo convirtiera a Usted en un estadista, a la altura de Napoleón de Bonaparte; un hombre patriota que se distinguiera no por sus méritos militares, tan valiosos e imborrables, sino también por sus propuestas políticas, por su visión de Estado, Patria y Derecho.

 - Quizás eso fue lo que le dijo el ilustre doctor Gómez Farías al general Santa Anna. Una plataforma política que consistía en hacer posible las ideas políticas de los diputados Lorenzo de Zavala y José María Mora. Había que combatir a la Iglesia Católica, restarle su poder político, arrebatarle el control monopólico que éste ejercía sobre la educación y la tierra. Una verdadera reforma, a la altura de la que en su momento, había hecho la revolución francesa. Sólo que aquí, sería una auténtica revolución mexicana, hecha acorde a las necesidades y conforme a la idiosincrasia del pueblo mexicano.

El plan consistía en que el Congreso interviniera las propiedades de la Iglesia, tomando posesión de las mismas para luego venderlas en subasta pública. Si era posible, convertir a los inquilinos de las propiedades eclesiásticas, en sus legítimos propietarios. Emprender verdaderas reformas fiscales en el agro mexicano que aboliera el diezmo y capitalizar en el menor tiempo muerto, los bienes raíces muertas que tenía en su control la Iglesia. Una reforma política, que hiciera laica la educación y desincorporarla de una vez por todas del clero. Restarle predominancia política; realizar una autentica transformación del país, que implicara aumentar las arcas nacionales, disminuir e institucionalizar al Ejército Mexicano, suprimir los premios y pensiones que muchos militares habían recibido, supuestamente por sus servicios en la guerra de la Independencia, ¡Viles traidores oportunistas¡. Lograr la inversión extranjera, traer los telégrafos y los ferrocarriles al pais, abrir mas puertos y caminos, invitar la colonización extranjera en los vastos territorios mexicanos, los cuales debían producir riqueza para la inmediata capitalización de la Nación y no los problemas políticos de separación que ahora generan o la amenaza de la intervención militar que pregona la futura guerra con los Estados Unidos. Se trataba, de una verdadera cruzada política nacional, tendiente no a discutir asuntos jurídicos como quien ocupaba la presidencia, quien tenía más derechos para ejercer o no como presidente, quien debía gobernar o que ideología era la que debía insertar nuestra forma de gobierno; el debate que logra el Doctor Gómez Farías, no es ¿Quién debe gobernar?, sino el más profundo, ¿lo que se necesita hacer para poder gobernar?. … ¡Pero sabe que paso¡. La Iglesia Católica dañada por las leyes anticlericales del entonces presidente de México, rompe su pacto político de no intervenir en las discusiones políticas, acusa al sistema federal de ser la culpable de todos los males del pais, de la inestabilidad política, del atraso de la patria,  de haber producido toda una plaga de ladrones inmorales que copiaban un modelo extranjero de gobierno como el americano, incompatible a la idiosincrasia mexicana, que atentaba contra los pilares de la moral mexicana, la Santa Iglesia que nos identifica como nación unida al servicio de Dios, así como del Ejército, quien estaría dispuesto no solamente a defender la legitimidad de nuestros gobernantes fuera acorde con la Constitución, sino también, la defensa de la patria, ante la amenaza de cualquier potencia extranjera. Por todas estas razones, la Santa Iglesia católica financia un golpe militar, en el cual reclama la destitución del Presidente Gómez Farías y de todos los secuaces liberales, masones, apostatas, califas, herejes; que por gracia de Dios, merecían el perdón y el exilio, pero que ante el honor de los militares, ameritaban su inmediato fusilamiento por la traición a la patria, a su fe, a la religión católica a la cual, la misma Constitución de 1824, señalaba en su artículo cuarto que la religión de la nación mexicana es y sería perpetuamente la Católica Apostólica Romana. Que la nación la protegería por leyes sabias y justas, prohibiendo el ejercicio de cualquiera otra. Por todas estas razones, se ameritaba la pronta intervención del Ejército para disolver al Congreso de sus demonios masones liberales, destituir del poder político a todo aquel hereje que creyera en las ideas extravagantes de los liberales, encarcelar y cerrar los periódicos que pregonaran este tipo de ideas; había que intervenir inmediatamente,  había que hacerlo o el país, se vería envuelto en una total anarquía.

-    ¿Y que paso, quien fue el que evito que la patria se viera enardecida en una revuelta militar sin consecuencias trágicas?, ¿Quién fue el que evito, la disolución de la patria?, ¿La muerte y la destrucción de todos los mexicanos?.  – Pregunto Salcedo, esperando saber, cual era la respuesta.
-    Su amigo, ilustrísimo licenciado. Su amigo, el general Antonio López de Santa Anna.

¿Era acaso o no, el único mexicano capaz de conseguir la reconciliación y la paz en el suelo mexicano?. ¿Era o no el traidor que había sacrificado a su amigo el presidente Gómez Farías, al no respetar su plan de gobierno que lo convertiría en un gran estadista; o simplemente, era un hombre de bien, que no quería generar mayores divisiones que las que ya se estaban produciendo.

“Religión y Fueros” fue el grito de batalla que encabezaran los militares, en esta su sexta revuelta militar. Un tal Duran, uno de esos militares del montón que tiene este país, de esos soldaditos de trajecito de desfile militar cuyo paso por la historia será insignificante, como resulto serlo su persona y su causa. Uno de esos militares, que en complicidad de otro general, igual de traidor que su colega, un tal Mariano Arista, desconoció la orden del presidente Gómez Farías de combatirlo y derrotarlo, adhiriéndose en su estúpida causa, para declarar en uno de esos tantos manifiestos, la instauración de la “Suprema Dictadura” a favor del hombre fuerte del país.

-    ¿De Antonio López de Santa Anna?-
-    De ese fulano, quien lo primero que hizo en su regreso al poder, fue destituir a su amigo Gómez Farías, derogar las leyes anticlericales que había emprendido su antecesor, así como dejar en su lugar, a otro de esos tantos generales, cuyos méritos militares, son igual de desconocidos que sus cualidades políticas. ¡Quizás un sujeto igual de estúpido, sin iniciativa, mas que su lambisconería y su fácil manejo en una magistratura que exigía alteza y dignidad, no ser un pelele del caudillo oscuro. Un tal Miguel Barragán,  ¿lo recuerda?. Lo más importante de esta quinta revuelta militar, es que el sistema republicano federal había caído en crisis y urgía desde luego, un ejercicio de reflexión, de crítica, estudiar en forma consciente, cuál sería la forma de gobierno que le convenía el país; ¡Entonces se propuso, abolir el federalismo para sustituirlo por la república centralista.

Para eso, el tiempo transcurría y la conversación académica ameritaba ser tratada en otra ocasión.

El Doctor Rodríguez entro al salón de clases acompañado de su asistente, quien en ese momento, al igual que los demás estudiantes, se dispuso a escuchar la clase del maestro. ¿Qué otra clase podía recibir?, después de haberle descrito en unos cuantos minutos, la historia de México.


domingo, 7 de agosto de 2016

CAPITULO 4




Jesús Melgar sobrino del coronel Mario Melgar Gutiérrez y Mendizábal, siempre quiso ser abogado. Estudiar Jurisprudencia y convertirse en algún funcionario del Supremo Gobierno. ¡Pero la vida no le dio esa oportunidad¡. Mejor dicho, sus quince años de edad, lo hacían sentir, el más infante de todos los adultos y el más adulto de todos los infantes. ¡Tenía que darse cuenta de su triste realidad. El país que le toco vivir, no le brindaba otra oportunidad, más que seguir el ejemplo de su padre, de enlistarse al ejército, para servir a la patria.

- Ser como mi tío. Enlistarme al ejército, hacer una carrera militar que le permitiera alcanzar un mejor nivel de vida. Después de todo, su señor tío a quien quería como su padre así lo había hecho, bien o mal, su posición social no era, si bien es cierto, de la alta sociedad, tampoco lo era de la baja. Estudiar leyes, le resultaba económicamente más difícil, en virtud de que no provenía de una familia de abogados; así que decidió enlistarse, en el Colegio Militar.

Bien o mal gozaba de la recomendación de su tio el Coronel Mario Melgar Gutiérrez y Mendizábal; amigo por cierto, del general Antonio López de Santa Anna. Así que bien o mal, su ingreso al Colegio Militar era casi un hecho seguro. Se convertiría en cadete de la escuela de cadetes, donde cursaría estudios en el arte de las armas, para salir en unos cuantos años, con un alto grado castrense y poder así, ofrecerle algo a su novia.

¡Fernanda¡. Amo a Fernanda. No se si sea su cabello, su cuerpo, el tono de su voz, su persona, no lo sé; todo a ella la amo. Por más que Jesús Melgar volteaba a buscar a otra mujer con las mismas características que de Fernanda, no encontraba; pareciera que su novia, fuera única entre todas las mujeres, ninguna más se le parecía; quizás podían ser más altas, de piel blanca, rubias inclusive; podían llegar a ser mujeres mucho más hermosas que Fernanda; pero para Jesús, su novia, era única entre todas; era una reina, su amada reina, a quien como príncipe azul, tenía que vencer los dragones y los ogros, para estar junto con ella. Para acariciarle el cabello, tomarle la mano y en la intimidad de la soledad, darle un beso a los labios, para decirle, lo tanto que la amaba.

Fernanda, te amo. Tanto es mi amor por ti, que estaría dispuesto a ofrecerte mi vida entera. ¿Pero que podía ofrecerle un muchacho como yo? Se preguntaba una y mil veces Jesús Melgar, quien se encontraba acomplejado de su baja estatura, del color moreno de su piel; por momentos el mismo se odiaba, de ser una persona de baja estatura y de piel tan oscura, que si en el México independiente no hubiera existido la guerra de la independencia, él estaría condenado a que lo confundieran por mulato, quizás por esclavo negro, sería objeto del maltrato y condenado a vivir una casta, que más aún, le imposibilitaría el tan sólo aspirar, a convertirse en un cadete militar. ¡Sería un simple soldado sin botas, condenado a morirse en la primera batalla, al servir de carne de cañón.

Su tio, el Coronel Gutiérrez, apoyo con entusiasmo el que su sobrino, optara por la carrera a las armas. Había que continuar con esa tradición militar que el mismo había inaugurado. Mientras que su tía, Esperaza Valles, pedía a Dios, que su sobrino, a quien también quería como su hijo, no repitiera la experiencia militar de su tio, de servir con esmero a la patria, de morir casi por ella, para que de un día a otro, fuera encarcelado y expulsado del ejército, al grado de también, confiscarle sus bienes.

Agustín Jesús Melgar, sería cadete militar, se lo dijo a su novia Fernanda, quien no pudo comprender, porque esa decisión precipitada de su novio. Porque le tenía miedo a enfrentarse a su padre, el distinguido y famoso escribano Alfonso Martínez del Valle, y decirle a quien sería su suegro; que amaba a su hija; que quería casarse con ella, para hacerla la mujer más feliz.

¡Jesús¡ …¿Serás un cobarde para no decirle a mi padre que me amas?. ¿Tanto te subestimas que no te crees lo suficientemente hombre, para pararte frente a mi señor padre y pedirme en matrimonio?. ¿Por qué irte al Colegio Militar, sino tienes vocación por las armas?. ¿No querías ser abogado como mi padre?. Quizás con coraje, con algo de rabia y de un sentimiento oprimido que por momentos amenazaba con el llanto en ira, Fernanda no podía entender la decisión de su novio. ¡En que había fallado?. ¿Por qué no podía su novio escoger la carrera de leyes, porque diablos tenía que ser un militar. De esos que solamente saben desfilar en las calles, pronunciarse en alzamientos populares, para luego después, perder la vida, a veces de la manera más tonta.



Jesús había tomado esa decisión, porque su ingreso en el ejército le daría un mayor status en la sociedad, que el convertirse en un aristócrata civil para dedicarse a las leyes. Luís bien o mal, se había dado cuenta, que en el país, era gobernado por los militares, no por los civiles. Así que ante la imperiosa necesidad de alcanzar una posición social y consolidar un patrimonio, eran requisitos obligatorios para formar una familia respetable con Fernanda; pero sobre todo, de conseguir la autorización de su suegro. Es por eso que había decidido ingresar a las filas militares para poder en menos tiempo de lo que podía tardar un futuro abogado, tener algún peculio lo suficientemente redituable, paras poderle ofrecer algo a la hija de tan distinguido escribano.

Por eso ingresare al Colegio Militar. ¡Porque te amo Fernanda¡. ¡Porque quiero casarme contigo y ofrecerte, los mismos lujos que te da tu padre. ¡Porque te quiero tanto¡, que pienso todos los días en ti. Fernanda, ¡mi amada Fernanda¡.

Había que seguir simulando ese noviazgo. Esas salidas a misas, que realmente, eran paseos por la Alameda Central; había que besarla en aquellas ocasiones en que el parque y las condiciones del ambiente así lo permitían. Había que darle aquel beso tierno, sincero y puro en su mano, en la frente, en la mejilla y en los labios, para decirle a ella, lo tanto que la amaba. Que sería capaz de morirse por ella, de tomar inclusive la difícil decisión, de alistarse al Colegio Militar.

Fernanda le apasionaba esta aventura. Le encantaba y disfrutaba al máximo, esta sensación de engañar a sus padres, haciéndoles creer que iba a misa, como buena cristiana que era, cuando realmente, lo que hacía, era hablar a escondidas con aquel joven admirador. ¡Era feo¡ No podía negarse que su estatura y el color de su piel, eran motivo suficiente para que ese hombre, fuera rechazado por cualquier mujer. ¡Brillante favor le hacía a Jesús, con andar con él, ella tan bonita, tan alta y distinguida, de piel blanca y cutis suave; junto a este muchacho oscuro, bajo de estatura y de una apariencia de pobre, que no podía disimularse.

Pero aunque Luís fuera el hombre más moreno y bajo del mundo, Jesús era un hombre de buenos sentimientos. Tenía una simpatía que podía contrarrestar cualquier defecto físico que tuviera, inclusive su estatura o el color de su piel. Nadie tenía la inteligencia de él, pero mucho menos, ese sentido del humor, que la hacía reírse hasta carcajadas. Esas ocurrencias de Jesús, eran tan divertidas, que como buena señorita que era Fernanda, tenía que evitar a toda costa, reírse escandalosamente en la plaza, cerrar con todas sus fuerzas la boca, taparse el rostro, para que no se viera el color rojo de su pie, resistiendo las ganas intensas de abrir la boca y dejarse contagiar por lo más chusco, estallar en voz alta el grito de la risa, tan agradable, tan hermoso, más aun, en la presencia del novio clandestino. Reprimir a toda costa la risa, aunque los ojos lagrimearan por el placer de la risa silenciosa.

¡Jesús¡…mi amado Jesús. Que lástima que su condición física no sea el único impedimento para sostener una relación duradera con él, sino también, su origen social y racial. Aunque fuera hijo de un militar y decidiera él iniciarse en la carrera de las armas, seguiría siendo toda su vida, descendiente de indios. De la chusma que no sabe otra cosa que emborracharse e irse de fiesta a fiesta, a olvidarse de su pobreza. ¡Mi padre no lo aceptaría¡.

Jesús tomo la difícil decisión, aunque Fernanda no lo aceptara, no lo comprendiera; ella se molesto tanto con su pretendiente, que de su rabia, su llanto, nació su indiferencia, su desprecio, posteriormente su olvido. Jesús ingresaría a cursar sus estudios en el Colegio Militar de Chapultepetl, aunque en su momento no lo entendiera su novia, se enojara o inclusive amenazara con olvidarlo; sería a la larga la mejor opción para los dos. Por lo que habiendo averiguado Jesús cuales eran los requisitos para su ingreso, sabía que necesitaba la constancia que acreditara estudios básicos, el certificado medico de salud, así como el consentimiento escrito de su padre o tutor.

Su sólo ingreso a la Institución, exigía no solamente cumplir con los requisitos administrativos, sino también, de la recomendación y del financiamiento de los estudios y del internado, que de los padres del cadete, podían hacerle al aspirante. De tal manera, que el Coronel Melgar Gutiérrez y Mendizábal, quien aún con los pocos ahorros, que le quedaban, derivado de las rentas obtenidas durante sus más de tres décadas al servicio de las fuerzas armadas; no dudo en apoyar a su sobrino, quien al igual que él, seguiría su ejemplo. Pagando con ello, de sus propios ingresos, la obtención del certificado de conocimientos que hiciera costear la preparación académica y militar de su menor pariente:
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Jesús agradecido con los últimos favores que le hacía su tio padrino, previo a su emancipación, leía hasta el cansancio, cada uno de sus documentos obtenidos: - “El profesor de Primeras Letras Cosme Varela. Certifica en toda forma que habiendo estado bajo mi dirección el Joven Agustín María José Francisco de Jesús de los Ángeles Melgar Sevilla, se le enseño en el establecimiento público de mi cargo, a leer, escribir, ortografía, gramática, las cuatro primeras de Cuentas; así como también, nociones de teología. Y a pedimento del interesado y para los usos que le convenga, doy la presente en México, a 24 de enero de 1845” – Con todo el orgullo y el ímpetu, leía también el dictamen medico – El profesor en Medicina y Cirugía que suscribe: certifica y jura haber reconocido al joven Agustín María José Francisco de Jesús de los Ángeles Melgar Sevilla, a quien no he encontrado en su naturaleza vicio corporal ni enfermedad aguda o crónica que lo inutilice para la carrera militar, estando completamente sano y bien conformada su constitución. Y para la debida constancia del solicitante, doy a éste el pedimento, para el fin que le convenga. Firmo en Méjico a 25 de enero de 1845.: - Faltaba el consentimiento de su Señor padre, quien orgulloso de la decisión de su hijo, a este le pregunto: “Jesús, el servicio militar es una profesión, una forma de vida a la que debes tomar en serio. Servir a tu patria, pero también, convertirte en un hombre de bien.”. “Aceptas convertirte en soldado del ejército mexicano”, “A servir a la patria hasta el final”, “A poner por debajo tus intereses personales, por el bien del país”, “Estarás dispuesto a morirte con la dignidad y el orgullo que te brinda el uniforme centinela”. “Si aceptas, cursa con entusiasmo tu preparación militar, entrégale a ella si es posible tu vida, si te equivocares en tu profesión, no vuelvas jamás a tu casa, que ni como padrino, ni mucho menos como militar que también soy, aceptare la ofensa que mi ahijado me haga de desertar de esta noble profesión, al que gracias a ella, pude sostener decorosamente a tu madrina y a vos primos y hermanos”. - Acepto padrino, acepto, aunque no quiera decirte el verdadero motivo de mi ingreso al Ejército. Aunque te niegue que no es por amor a las armas, sino por que vivo enamorada de Fernanda, por la que he decidido alistarme al Colegio Militar.- Como no decirte eso padrino, como ocultarle la verdad de mis sentimientos y decirle que mi ingreso a la Corporación, obedece, no a la amor a la patria, sino al enamoramiento que le profeso en secreto a mi novia Fernanda.

Coronel del Ejército Trigarante de la República Mexicana; veterano de combate en las expediciones militares de Tampico, Texas y Veracruz; así como del Ejército de la República: Mario Melgar Gutiérrez y Mendizábal; a Vuestra Señoría comparece y hace presente que estando pretendiendo mi sobrino Agustin María José Francisco de Jesús de los Angeles Melgar Sevilla ser admitido de alumno en el Colegio Militar le tengo dado mi consentimiento para que así lo haga, y además para que terminado el tiempo que según las disposiciones vigentes deba permanecer en dicho establecimiento continué con la gloriosa carrera de las Armas. En consecuencia me obligo a ministrarle el calzado y la ropa interior que necesite durante su permanencia en el repetido establecimiento, aceptando el uniforme que debe portar, así como la distinción que de su Señoría, haga de la admisión a la Corporación de mi menor hijo. Por lo que a Vuestra Señoría Suplico se sirva consentir benignamente este escrito con lo que recibiré gracia, jurando lo necesario. México Enero 25 de 1847.

La firma del padre de Jesús estaba estampada. Por lo que éste emocionado por tener ya con cada uno de los requisitos, busco desesperadamente a su novia Fernanda, quien esperando las horas a que saliera de su casa, con la excusa de asistir a la misa, rogó a su nana le permitiera estar con su novia, tan sólo unos minutos para comunicarle, su decisión de ingresar al Colegio Militar.

Pero Fernanda no le gusto la idea, le pidió a Jesús que reconsiderara su decisión.  Que por favor no la abandonara, que en todo caso, estaría dispuesto a fugarse con él y olvidarse, si ese fuera el caso, irse a vivir a Puebla, a Veracruz, a donde fuera; lejos de México; a un lugar donde nadie los conociera y pudieran vivir juntos, queriéndose siempre, sin el miedo o el reproche, de lo que pueda decir la sociedad, ni mucho menos de su señor padre. Pero ella no entendía, que el amor y el respeto que Jesús le tenía, no le permitía vivir un matrimonio fugitivo; no había sido educado para vivir en el concubinato o amasiato, en la relación clandestina y pecadora; quería casarse con ella, pero siendo el hombre del bien, que sus padres de él habían formado.

Agustín María José Francisco de Jesús de los Ángeles Melgar Sevilla, de quince años de edad, sobrino del Coronel Mario Gutiérrez y Mendizábal, miembro del Ejército Trigarante y de las Fuerzas Armadas de la república mexicana, veterano de las expediciones militares de Tampico, Texas y Veracruz; así como de la honorable Señora Esperanza Sevilla; ante Vuestra Señoría manifiesto que deseoso de servir útil a la Patria en cualquier momento, con el debido respeto y consideración que de su servidor puedan otorgarme; teniendo la salud y la edad necesaria, así como los conocimientos básicos; ruego a Usted se sirvan admitir mi propuesta como cadete del Colegio Militar; pidiendo a Vuestra Señoría mi admisión al establecimiento que dignamente preside; acompañando a mi solicitud certificado de salud y de estudios, consentimiento de mi Señor padre, así como fe de bautizo; suplicando de nueva cuenta, se sirva admitir mi solicitud en la clase de alumno de ésta Institución que distinguidamente manda, en lo que recibiré gracia y merced. México Enero 25 de 1847.

Jesús estaba decidido a registrar su documentación en la Oficina de Ingresos del Colegio Militar. Había firmado ya su solicitud, con la esperanza de que fuera en el menor tiempo posible admitido, para que pudiera de esa forma, convertirse en el joven cadete cuyo traje militar pudiera compensar el status social que su estatura o su condición racial, no le permitían.

Pero Fernanda lloro inconsolablemente, aquella tarde, en que Jesús le comunico su solicitud de ingreso al Colegio de Armas. Lloró en la soledad de su recamara, sin que sus padres lo vieran, lloró de la tristeza, de la desilusión, perdiendo toda la esperanza de volver encontrar en la vida, a otro hombre, igual de agradable que su amado Jesús. Aquella tarde, Fernanda lloró sin que nadie la viera, ni siquiera su propia madre Amparo Magdalena, menos aún su nana, que sabía toda la verdad; rogando a Dios, que el Colegio Militar rechazara la solicitud de su amado.

Sin embargo, habiéndose cumplido los trámites administrativos previos a la admisión, Dios no quiso intervenir ante los rezos de Fernanda, pues días después de formulada la solicitud, Jesús recibió la respuesta que el Director del Colegio Militar hacía de la petición de Jesús.

Coronel Mario Melgar Gutiérrez y Mendizábal.
Hacemos constar que en atención a la solicitud vertida por su sobrino, el joven Agustín María José Francisco de Jesús de los Ángeles Melgar Sevilla, a través del cual pide su admisión como alumno de este establecimiento; y habiendo hecho la Junta Gubernativa la certificación correspondiente; resulta el aspirante tener todas las circunstancias del Reglamento para dicha clase, en tal virtud informo a Vuestra Señoría, que se tiene por admitido el ingreso del referido a esta Corporación. Debiendo apersonarse el citado a éste Colegio, para su debido juramento y alta a la Institución. ¡Dios y Libertad¡. México 2 de febrero de 1845.

Jesús estaba contento de la respuesta satisfactoria del Colegio Militar, su ingreso le permitía, tener la estatura moral y social, para enfrentarse tarde o temprano a su futuro suegro; sin embargo, en alguna parte del mundo, algún corazón de mujer lastimada, no lograría jamás entender esta decisión.