jueves, 15 de septiembre de 2016

CAPITULO 42


-      ¿Qué me cuenta de la política don Enrique?. – pregunto el viejo decrepito en el comedor de la hermosa Casona de Tizapan; ahí a su lado, su hermosa esposa Amparo y mi futura prometida Fernanda; todos sentados en el comedor en la hora de la comida.
-      Nada nuevo que no sepa el país entero. El golpe militar del general Salas fue exitoso. Se espera que en cualquier momento desembarque Santa Anna – Jorge Enrique Salcedo tomo aquella deliciosa jarra de agua de Jamaica para servirse.
-      Se lo dije don Enrique – río don Alfonso Martínez del Valle – se lo dije, yo siempre lo supe. El general Santa Anna regresará para defendernos de esos perros americanos. – En cambio, el viejo volvió a tomar otra copa, no propiamente de agua de Jamaica, sino de vino.

Al mismo tiempo que don Alfonso perdía la razón a causa de su embriaguez;  Enrique Salcedo veía por unos instantes a su prometida, una niña tierna,  luego cambiaba de vista para mirar disimuladamente a su suegra, quien a comparación de Fernanda,  era una mujer triste, de una experiencia enigmática; en ese suspiro reprimido, Jorge Enrique llego a sentir que le cruzaba la mirada, que su suegra le correspondía la mirada, pero al hacerlo, cambio inmediatamente el ángulo de sus ojos para no ser sorprendido, pero en ese instante, observó que al parecer, había sido descubierta por Fernanda.

-      Me sirves por favor Enrique – dijo Fernanda sin quitarle la mirada de su vista y con una voz que insinuaba una ligera sospecha, quizás un celo disimulado.
-      Como no Fernanda – Enrique volvió a coger aquella jarra y sirvió el vaso de agua de Jamaica, como tratando de simular que no había pasado nada.

Don Alfonso, había terminado de comer. Sin embargo, continuaría sentado en la mesa, hablando una serie de incongruencias de las que no se le entendía nada. Hablaba de sus viejas amistades y de sus clientes, y de otros temas, que realmente, no le interesaba poner la minima atención.

-      ¿Ahora que va hacer don Enrique?. – creo yo, que le pinta un mejor panorama, si su ex jefe regresa nuevamente como Presidente.
-      Posiblemente.

Enrique volvió a observar a Fernanda y vio su cara de fastidio, al escuchar en la voz de su padre, lo que sería una conversación de cuestiones políticas. Entonces, se dio cuenta, que había tenido una figuración, Fernanda no sospecharía de nada; no sería capaz de leerle la mente.  No había visto por su fortuna absolutamente nada.

-      ¿Y sus clases de inglés?. – pregunto nuevamente el viejo - ¡Hip¡. .
-      Bien, muy bien don Alfonso, tengo una excelente maestra de inglés. – Contesto Salcedo mirando nuevamente a Amparo.
-      Es lo único bueno que tiene esta mujer. – comento despectivamente don Alfonso, como queriendo que su futuro yerno, riera de un chiste. Obviamente Enrique Salcedo no hizo gesto alguno. Tomo la copa de alcohol que le ofrecía su suegro y la ingirió. Dentro de su alma, no podía permitir que nadie, absolutamente nadie ofendiera a la mujer que en alma y muy bajo su reprochable censura, creía amar y respetar.

Ahí seguía sentada su amada. Amparo con aquel porte de señora; su vestido elegante, su rostro algo demacrado, como si no hubiera dormido en días, ¿Qué tendría?, ¿en que estaría pensando ella?. ¿le podría ayudar en algo?.  A su lado, en la cabecera de la mesa, el escribano seguía bebiendo  tratando de seguir una conversación  no inteligible, sumamente aburrida; sólo él se reía de sus chistes y se volvía a servir, no pudiendo ocultar para ese momento su borrachera, hasta que éste tuvo la genial idea de preguntar por un tema que incumbía a todos.

-      Ahora que regrese el general Santa Anna, debemos llevar a cabo la boda lo más pronto posible.

Todos en la mesa quedaron inauditos con esa propuesta. Nadie esperaba que de aquel ebrio saliera un tema incómodo para todos. Entonces don Alfonso observó un poco extrañado sobre la repentina reacción de todos.

-      Papá crees que el general Santa Anna pueda designar a mi prometido, como embajador o jefe de alguna aduana. – intervino Fernanda como queriendo desviar el tema de conversación. Era obvio, Fernanda no quería que se tratara ese tema.
-      Claro que si hija. Lo puede nombrar hasta Vicepresidente de la Republica; por eso el día de la boda, deberá ser en grande…contrataremos a una orquesta y haremos un gran banquete, donde acudirán…

Amparo seguía comiendo, guardando aquel silencio que censuraba más de mil palabras de reproche.

-      Don Alfonso – interrumpió Enrique  - considero que lo más prudente sería esperar a que el general Santa Anna regrese a México
-      Qué tal si nunca regresa ese hombre – comento Amparo rompiendo su silencio.
-      ¡Tú cállate mujer¡. ¿Cómo se te ocurren esas estupideces? – respondió en forma altanera don Alfonso.
-      No tiene nada descabellado lo que supone su esposa. El puerto de Veracruz al parecer está bloqueado y difícilmente podrá ingresar una flota mexicana, más aún, si su pasajero es el distinguidísimo generalísimo.
-      Mi general Santa Anna va a regresar este país. Tiene muchas cosas pendientes que resolver. ¿Recuerda?.

Claro que Enrique recordó a que se refería su futuro suegro. Más de quince millones de pesos enterrados en el patio de esa Casona se los recordaba. El precio de la corrupción, la traición y la demagogia.

-      Cuando regrese el general Santa Anna le pediremos amablemente que comparta la comida con nosotros. Lo sentaremos en esta mesa y …

Amparo siempre consideraba que la comida era muy sagrada, para que esta no se pudiera compartir con sujetos de muy indeseable reputación. Su forma sutil de manifestar su inconformidad, era transmitir el desprecio y la indiferencia que ella sentía por su marido.

-      Insisto don Alfonso. Aún no podemos hechos las campanas al vuelo. Necesitamos esperar que se tenga certeza de que el general Santa Anna regrese a México. Si así lo desea, tan pronto el generalísimo pise el territorio nacional, podremos hacer los planes sobre los preparativos de la boda.
-      Muy bien don Enrique - ¡hip¡ - acabo de escuchar lo más sensato del día, en boca suya. Cuando regrese mi amigo, haremos los preparativos de la boda. Que todo México, si todo México, deberá saber.

Todos continuaron sentados en la mesa, al mismo tiempo que don Alfonso volvió a servirse más vino. Nuevamente Enrique volvió a mirar su suegra, quien para ese instante, pensaba que el general Santa Anna regresaría para planear su defensa ridícula de la patria. - ¡Señora Amparo¡ ¿Qué le pasa?. ¿Sucede algo? – eso pensaba Jorge Enrique a ver a su señora pensativa, preocupada, con su cabello largo y algo maltratado, con algunas arrugas en su cara, pero con una belleza sutil; su yerno la miro, la seguía mirando y no podía dejar de hacerlo ni por un solo segundo, quería hablarle con sus ojos, decirle en la voz mental que todos los seres humanos tenemos, para decirle que ella, siempre podría contar con él. - ¡Señora Amparo¡. Creo que la amo. Perdone mi estúpido atrevimiento, pero creo que la amo – Ahí con su vestido gris, el botón de su vestido hasta su cuello, con una silueta hermosa, tal cual si fuera una escultura griega, que esperaría por lo menos, le respondiera con los ojos;  un secreto que debía de revelar, algo que ya no podía callarle – ¿Que tiene señora Amparo?. Sin embargo de nueva cuenta, Fernanda lo interrumpió en ese lapso.



-      Me sirves más agua

Enrique nuevamente sorprendido, volvió a disimular aquello que realmente no podía ser, así que de la forma más natural, volvió a tomar la jarra de agua de Jamaica y le sirvió a su prometida, como si nada estuviera pasando. Al menos eso creía, porque el gesto de Fernanda, al parecer era otro. ¿Lo habría sorprendido?.

-      ¿En qué piensas Enrique?. – pregunto en una forma muy tentadora su prometida.
-      Nada mi vida. Ah decir verdad estoy muy cansado, preocupado, no sé qué tenga corazón. Este último cambio de gobierno me ha puesto nervioso. Disculpa cariño.
-      Si ya veo, como te tiene preocupado. – Fernanda respondió en forma irónica, haciendo una mirada de repudio hacia su propia madre.

Amparo volteo y se percató que su yerno, por un largo instante la había estado mirando y que al parecer habían sido descubierta por su hija, entonces tratando de disimular la situación, tomo la servilleta, se limpio la boca y anuncio su retiro.

-      ¿A dónde vas?, ¡no hemos terminado¡ - dijo don Alfonso.
-      Déjala papá, seguramente tiene dolor de cabeza.

Amparo dejo el comedor, mientras que Enrique siguió tratando de simular una conducta, tal cual si no pasara nada.

-      Entonces – dijo aquel viejo decrepito cuya condición etílica era sumamente pestilente – yo también procedo a retirarme.

Don Alfonso se paró de la mesa con trabajo, tomo su bastón para evitar caerse. La señora Juanita trato de agarrarlo para que este no se cayera, pero esto no dejo ni siquiera lo tocara – yo puedo sólo, quítate de aquí india.

Habiéndose retirado sus respectivos suegros, Fernanda y Enrique se quedaron solos, mirándose ambos a los ojos frente a frente, como si por algunos momentos, ambos se predispusieran a iniciar una discusión.

-      Me llevas al parque. – dijo en forma imperativa Fernanda.
-      Si corazón. – respondió nerviosamente Enrique. Tenía que actuar de una forma natural.

Enrique tomo del brazo a su prometida y le retiro su asiento. La mujer entonces en forma muy cautiva procedió a dar órdenes a la nana Juanita, comportándose por algunos momentos, con el mismo temple y altanería de su señor padre.

Ambos se retiraron de la casa, Jorge Enrique le tomo el brazo a su prometida  y empezaron a caminar por las calles que rodeaban la lujosa mansión. A lo lejos se escuchaba el canto de los pájaros, era una tarde nublada y el aire que se respiraba, era fresco, como si amenazara en cualquier momento, con llover. Sin embargo, pese a ese silencio y a la incomodidad de seguir caminando, como si nada estuviera pensando, Fernanda por un momento se detuvo en su andar y pregunto:

-      Enrique. ¿En verdad me quieres?.

Enrique se quedó sorprendido por esa pregunta que le formulaba Fernanda. Había sido hasta en ese momento de la relación, la cuestión mas importante que le había formulado su prometida.

-      Si claro. – respondió titubeantemente Enrique, como si no estuviera convencido de su cariño, como si realmente, ni el mismo supiera ni pudiera ordenar debidamente sus pensamientos.
-      ¿Y en verdad quieres casarte conmigo?. – volvió Fernanda a formular otra pregunta, mucho más concreta y reflexiva.
-      ¡Claro que si¡ - respondió Enrique en forma automática - ¿porqué  preguntas eso?

Fernanda respondió:

-      ¡Por nada¡. Por momentos llegue a pensar algo en la hora de la comida, pero no es muy grave, olvídalo.
-      ¿Qué pensaste?.
-      No, no tiene importancia, una tontería, discúlpame.

Enrique sintió su corazón salirse de su pecho, ahora la interrogante era suya, esa curiosidad de haberse sentido descubierto, tenía que ser relevada en forma inmediata.

-      No cariño, ¿en qué pensaste?.
-      Pensé – se quedó callada Fernanda - …perdona el comentario tonto que voy a formularte, pero es que vi como observabas a mi madre.
-      ¡Que yo observaba a tu madre¡. – respondió en forma exclamativa  como queriendo decir. - ¡Cuando¡, ¡como¡, ¡a  que horas¡.
-      Cuando comíamos. Observe que mirabas a mi mamá de una forma muy especial.
-      No sé a qué te refieras Fernanda, miro a tu mamá, como puedo mirar a tu papá, eso no se que tenga de especial.
-      Es que sentí…- otra vez volvió a quedarse callada Fernanda, como no queriendo decir, lo que realmente empezaba a intuir.
-      ¿Qué sentiste?....

Fernanda siguió callada, pero hablo con la mente.

-      ¡Que tu mamá y yo¡…¡por favor¡. ¡Como se te ocurre¡.
-      Disculpa cariño, yo no dije nada.
-      Pues ni te ocurra decirlo. Yo respeto demasiado a tu madre, para que llegues a suponer esas aberraciones, ¡como crees¡, ¿Cómo puedes pensar que yo y tu mamá?. ¡Por favor Fernanda¡, no vuelvas a tener ese tipo de suposiciones falsas, que lo único que consiguen es ofenderme  y obviamente a tu madre.
-      Disculpa corazón, es que vi que la mirabas, como si la desearas.
-      ¡No vuelvas a decir estupideces¡ - grito Enrique¡ - que tu padre jamás se entere de estas suposiciones tuyas, no vuelvas a jamás a tocarme este tema, yo respeto a tu madre, porque es una gran mujer y nada más, pero a eso que digas que yo…o tu mamá …¡por favor¡, como se te ocurre ese disparate¡.
-      Disculpa corazón, pero no es para que reacciones así,
-      Pues no vuelvas a ofenderme. ¡Jamás vuelvas a pensar eso¡. Respeto a tu madre, únicamente la respeto. Yo solamente te quiero a ti, ¡Lo entiendes a ti¡.
-      Yo lo sé cariño. Discúlpame por contarte esto, no fue mi intención.

Enrique se reprocho una y mil veces por el momento que había pasado. Como era posible que fuera tan imbécil para experimentar esto. Como podía fijarse en una mujer mayor que él, que además era la madre de su prometida. Maldito fuera él y su hipocresía, su conducta criminal, pecaminosa, como podía ser un farsante y comportarse de una manera tan vil. Realmente era para que se matara, para que el mismo se condenara en los infiernos, por haber mentido a su prometida y haberse mentido a él mismo. Por no ser tan valiente como le hubiera gustado ser, para declararle su amor, a la madre de su prometida. ¡Que estúpido¡. ¡pobre infeliz¡. Que poca estima. Debería de irse a un tugurio y meterse con al primera prostituta que le hiciera desbordar toda aquella pasión y coraje que tenía. Que sentía por una mujer prohibida. ¡Maldito seas Enrique¡. Púdrete en el infierno. Llora en la oscuridad. Matate, antes de que el cinismo o la vergüenza, lo haga por ti.



Mientras que en otro lugar de la casa, yace Amparo en la alcoba de su casa, sentada frente al espejo. Una mujer bonita pero maltratada. Una mujer de una tristeza con una alegría muy oculta. ¿Por qué tenía que sufrir ella a la que Enrique amaba con silencio?. ¿Por qué no podía hacer su vida como quisiera?. ¡Borrarse porque no de este mundo¡. Desaparecer toda ella y todo vestigio de su pasado vergonzosos y de un futuro que nunca jamás llegaría.

Amparo estaba muy triste, con las ganas de llorar y reventar al llanto, sólo observó cómo su marido entro a la recamara, para tirarse a la cama, a roncar como si fuera una bestia. ¿Por qué tenía que vivir con ese hombre?. ¿Por qué tenía que compartir nocha a noche, su cuerpo en los brazos, piernas y boca de ese monstruo. Era más digna, la más vulgar de todas las prostitutas, que ella misma que aparentaba ser una dama de la alta sociedad. Eso no podía ser; observó a su marido decrépito, viejo, oyendo como roncaba en forma grotesca y ruidosa. Como ese olor alcohólico apestilaba el lecho más sagrado de todo matrimonio. Tenía coraje, mucho coraje, de haberse sentido deseada por una persona más joven y no haber correspondido. ¿Qué diría la moral¡. Su hija, su esposo, la iglesia; que dirían sus vecinos, sus familiares¡. Que diría el propio yerno de haberse sentido descubierto de que ella, al igual que él, deseaba sólo un instante, quizás un momento de lujuria, o por qué no, un abrazo cariñoso, un beso tierno sólo eso, un beso, un apoyo, una columna, un hombre, una pareja; sólo el amor, prohibido, tormentoso, tierno, respetuoso.



¿Por qué tienen que pasar esas cosas?. ¡Porque complicarse de esa forma la vida?, en un momento en que el cadete Jesús Melgar planea fugarse del Colegio Militar, en que Fernanda mantiene una correspondencia secreta con el joven cadete; en que Enrique llora de coraje por la miseria de hombre que es y en que Amparo, sentara en su recamara, mirándose al espejo su cabello maltratado, recordando tormentosamente a un hombre; no al que la amaba en silencio, sino que aquel, que alguna vez amó y volvería por ella; aquel con que alguna vez se casó y la abandono a su suerte:  James Thompson. El espía, al servicio del gobierno de los Estados Unidos de América.



miércoles, 14 de septiembre de 2016

CAPITULO 41


Desde 1835 empezamos a destruir nuestra patria; a partir de ahí, iniciamos esta senda tortuosa del autoritarismo, hasta llegar al día de hoy, a este abismo que nos tiene a todos hundidos.  – dijó el general Mariano Salas - A un sistema ha seguido otro sistema; de una constitución a otra constitución, a una persona, otras personas;  pero ni los primeros se han levantado sobre bases sólidas, ni los segundos, han tenido el sello de su legitimidad. – aceptemos todos nuestros errores. Ahora que nuestra patria pasa por el momento más difícil desde que obtuvo su independencia, los mexicanos nos miramos de frente, para saber si somos capaces de sostener al país con vida; con libertad e independencia; pero sobre todo, con la dignidad que la fuerza de la razón y la justicia  nos da, ante el ataque vil y embestido de nuestros invasores.

En nuestra patria, han triunfado siempre los hombres, pero nunca los principios. Hemos tenido mil revueltas, pero ni una sola revolución. Incurrimos en el constante olvido de las leyes, en la quiebra de la hacienda, en la dilapidación de los fondos públicos, en el devorador agiotaje ante nuestros prestamistas, en el autoritarismo sin freno legal alguno, es la desmoralización del ejército, en el desconcierto de la administración, en el desprecio a los derechos del hombre y del ciudadano; en el total descrédito ante las naciones del mundo; y ahora, en éste preciso momento general Salas – dice el doctor Valentín Gómez Farías – estamos ante el desmembramiento del territorio nacional; la patria se deshace en nuestros brazos y lo que es peor, ante la pérdida de nuestra nacionalidad y de este proyecto nacional, por el que Hidalgo, Morelos, Guerrero y miles de insurgentes, dieron su vida.



No somos europeos, nuestra sociedad no está regida por la costumbre y la idiosincrasia de los reinos europeos. No coincido con don Lucas Alamán en lo referente a la adopción de un régimen monárquico. Sé y en eso no discuto, que nuestra nación no ha logrado su modernización, que quizás estemos lejos de alcanzar nuestra democracia; pero si no emprendemos a partir de esta crisis política, la verdadera revolución que requiere el país; estaremos condenados a desaparecer en el próximo año. México no llegara a cincuenta años de vida independiente, nadie sabrá de la gesta heroica de los insurgentes de Hidalgo, de la resistencia de Cuautla, del fusilamiento del Siervo de la Nación. Nadie descifrará y llevara a cabo, la abolición de la esclavitud, los sentimientos auténticos de la Nación; nadie general podrá salvar a este país; si nos empeñamos nosotros mismos a destruirnos. Sino ponemos un límite a los fueros y a los privilegios que hombres como los que tiene el Ejército o la Iglesia Católica, quienes han subyugado nuestra dignidad como gobierno civil. No se trata de defendernos ante la invasión yanqui; ni que se quite un hombre de la presidencia para que llegue otro; lo que realmente está en juego, es el fortalecimiento de nuestras instituciones, la desaparición de nuestra patria, en el concierto mundial de las naciones.

-      Pero desaparecer la Iglesia, como vamos atentar contra nuestra santa religión. – pregunto el general encargado de la Presidencia don Mariano Salas.
-      No atentaremos contra ella, no es contra dios, ni sus sagrados dogmas; no es en contra de la santísima trinidad, ni de la Virgen de Guadalupe, madre de dios; no es contra la creencia de un Ser Supremo de inteligencia universal; la lucha que debemos enfrentar ahora, es en contra de la Corporación, del Clero, de la institución compuesta de hombres corruptos y nefastos, que a través del aparato religioso, ha lucrado con la creencia de Dios y dedicado a someter a este país, impidiendo su crecimiento y consolidación, como una nación prospera y civilizada.
-      Pero eso que me pide es absurdo. ¿Cómo vamos a quitarle el dinero al clero?. En todo caso vamos a pedirle prestado, para poder financiar la guerra, pero no arrebatarles sus propiedades.
-      No don Mariano, la iglesia no nos dará ningún quinto partido por la mitad.  ¡Al menos que sus bendiciones¡, pero ni un solo peso.
-      Pero lo que Vos propone es inconcebible. Podría distraernos de la guerra con los Estados Unidos, pondría inclusive en riesgo la paz y la fe del pueblo, no quiero pensar que a causa de esa confiscación, pueda iniciarse una guerra civil. No doctor…, ¿Cómo vamos a robarle a los curas?. ¡nos excomulgaran¡.



Don Valentín Gómez Farías sólo se río.

-      El general Santa Anna apoyara mi iniciativa. El será el primero en aprobarla. Os lo garantizo.
-      ¡El general Santa Anna¡ ¿Vos cree que apoyará su idea de quitarles el dinero a los curas.
-      ¡Así es¡. – respondió don Valentín, con plena seguridad.

Don Mariano Salas, trago salida y dijo:

-      Bueno si mi general decide confiscar los bienes a la Santa Iglesia, pues ni hablar. ¡Nos iremos todos al infierno¡.



Valentín Gómez Farias rió en el fondo de su alma.  Pues desde aquella ventana del Palacio Nacional, observó las torres de Catedral que lucían majestuosas y que ya para esas horas, sus campanas resonaban para ir a misa. Suspiro y pensó, que todo el dinero del clero les sería arrebatado, … ¡quince millones pesos¡. … sólo quince millones de pesos le bastarían para poder armar al ejército mexicano y recibir al generalísimo Santa Anna, como todo un Emperador.  Con quince millones de pesos, podríamos contratar si así fuera posible, la legión austriaca que nos protegiera; o bien, podríamos uniformar y armar a cada uno de nuestros soldados. Quince millones de pesos es el precio. Con ese dinero, Santa Anna se inmortalizaría. Será  el Salvador de la Patria. Su nombre quedaría grabado por siempre en la memoria histórica de nuestro país; todos los mexicanos lo recordarían y cantarían su nombre en las escuelas; sería imposible olvidar su nombre y sus hazañas. Los mejores hijos de la patria lo acompañarían en su victoria y morirían con él, por la gran hazaña de defender la patria.

-      No puedo esperar más – pensaba en si don Valentín Gómez Farías.. – urge que la iglesia coopere en esta guerra. Será esa institución y no Santa Anna, quien nos salve del peligro.




martes, 13 de septiembre de 2016

CAPITULO 40


El Colegio Militar se confirma lo que ya no era un rumor, era cierto. La guerra entre México y Estados Unidos había estallado, ahora los adversarios tratarían de ocupar Monterrey. Lo estaban haciendo con Tampico y Veracruz. El puerto de California ya había sido también ocupado. Los cadetes del ejército eran entrenados, para enfrentar si ellos a así lo decidían, la inminente invasión ante los Estados Unidos.

Jesús Melgar sintió la derrota nacional. Sus propios profesores le hacían conciencia de que México no contaba con las suficientes armas para defender el territorio nacional. Los americanos eran muy superiores. Solamente un milagro podía salvarnos de este desastre. Un hombre superior, un gran líder, un mexicano a la altura de Napoleón Bonaparte, que pusiera esos descendientes de los ingleses en su lugar. Ese hombre, era el que necesitaba el país. No era suficiente la valentía del general Paredes Arrillaga quien se disponía abandonar la ciudad para buscar combate al enemigo; se necesitaba a un autentico y verdadero patriota. Alguien que nos salvara, que devolviera el orgullo nacional.

Muchos de los padres de familia, recogieron a sus hijos del Colegio Militar. Uno de ellos, era el cadete Leandro Valle, quien en contra de su voluntad, tuvo que abandonar el Colegio, bajo el argumento de que su madre enferma, agonizaba y quería ante todo ver a su hijo por ultima vez; aunque ah decir verdad, lo que querían los padres del cadete Leandro Valle, era tener a su hijo, cerca de cualquier amenaza del invasor.



Mientras tanto la Ciudad de Puebla se estremecía con la muerte de su inminencia el cardenal Manuel Posada; misas en su honor y un cortejo fúnebre, por la pérdida de tan distinguido ministro del Señor. No así el préstamo de la Santa Iglesia católica al Supremo Gobierno Mexicano daba alivio a las finanzas nacionales. Con ello se pudieron reclutar más de tres mil soldados, que partirían a Tlanepantla, con parque, artillería, caballería y una que otra mula. Sin embargo, dios no quiso augurarle buena suerte a dicha expedición, una fuerte lluvia freno la salida del ejército nacional; el agua presagio que en los próximos días, quizás, en los próximos años, una oleada de desgracias terminarían por acabar el país. – No nos desalentemos, sigamos marchando.- Pero el agua cayo tan fuerte, que muchas carretas quedaron atascadas en el lodo, el cargamento era cada vez mas pesado y muchos de los soldados levantados en la leva, aprovecharon el momento para huir. Era incontrolable la situación, los caballos, relinchaban y el agua hacia imposible el avance de la tropa. Luego de seis horas de marchar contra el agua, la tropa llega al cuartel de Tlanepantla. Las noticias no eran nada alentadoras; habían renunciado los ministros castillo Lanzas, Iturbe y Tornel. El general Nicolás Bravo, nuevo presidente de la Republica, en carácter de interino por la ausencia del presidente constitucional Mariano Paredes Arrillaga, se dispuso a nombrar a José Joaquín Pesado como Secretario de Relaciones, don José María Jiménez en el Ministerio de Justicia, don Antonio de Garay en Hacienda y a don Ignacio Mora y Villamil como ministro de Guerra. La apariencia era que el general Paredes Arrillaga escapaba de la ciudad, que dejaba de ser presidente, que no debía de abandonar la ciudad, porque tan pronto lo hiciera, un nuevo cuartelazo lo destituiría del mando.



El general Pares Arrillaga no dejaba la ciudad por ese miedo de ser en cualquier momento desconocido. Para hacer acto de presencia, ordeno al presidente del Congreso general Anastasio Bustamante y al presidente interino, el general Nicolás bravo, circulara un nuevo manifiesto a la nación, en la cual desistía de sus principios monarquistas y ordenaba la restauración de las Bases Orgánicas, nuevas elecciones para enero de 1847. – Ordeno al general Nicolás Bravo, que el nuevo gobierno se establecerá el 1 de enero de 1847 con fundamento en las Bases Orgánicas. También diga, que aseguraremos la paz interior de la República, que concederemos indultos y amnistía por todos los delitos políticos, que dictaremos leyes en beneficio de la agricultura y de las artes, que aprehenderemos a todos los malhechores.

Pero resulta tarde dicho manifiesto. La revolución de Mazatlán, se había extendido a Jalisco y ahora en Veracruz. El general Paredes Arrillaga desde su cuartel en Tlanepantla, no sabe si regresar a la Ciudad de México o dirigirse al Norte para combatir a Taylor. No se siente apoyado, quizás ahora el destino le juega lo mismo que en su momento hizo con Mariano Arista. Necesita el apoyo de toda la tropa, de todo el dinero, de todo el Gobierno; necesito ir tranquilamente al norte para combatir a esos americanos; pero no sabe si realmente podrá partir. – Todo se paga general – No olvide que hace un año tenía esa importante misión que le encomendó el entonces presidente José Joaquín Herrera y no olvide tampoco, que en vez de dirigirse al norte para reforzar al general Arista, cambio de rumbo y se dirigió a la Ciudad de México. – Todo se paga general – Ahora obsérvese, con la tropa con la que podía reforzar las tropas del norte y frenar el avance o Yanqui, o con las que podría regresar a la Ciudad de México. ¿ Que chingados hacemos?. – Tome mezcal, un trago más. ¡Al carajo con estos pendejos.- Nuestros peores enemigos, somos nosotros.

Jorge Enrique Salcedo y Salmorán trata de buscar a su novia Fernanda,  le dice que el país está en pie, no solamente de la guerra, sino de la revolución. Fernanda se espanta e implora a dios, que su novio Jesús Melgar no le hagan daño. Ojala también se escape del Colegio Militar, que su padres vayan a recogerlo, como lo han hecho otros más; que el Colegio Militar se quede sin alumnos, sin mártires, sin un estudiante más; que dicten un bando y ordenen su inmediata clausura; huyamos del país, los americanos están sitiando Monterrey.

Las clases en el Colegio Militar se ven amenazas de ser suspendidas. El director del Colegio pide calma a todos los estudiantes. No detendrá a ningún estudiante, si quieren regresar con sus padres, podrán hacerlos muchachos; pero si quieren morir como héroes, también pueden hacerlo. - ¡Que estupidez¡ - dice Jesús Melgar. – morirme por estos imbeciles. Por esos traidores, que huyen como ratones ante un ejército dispuesto a responderle todos sus abusos.

El Coronel Mario Gutiérrez y Mendizábal aparece de nuevo. Luego de un año de no ser visto por el licenciado Salcedo, regresa para darle un fuerte abrazo a su amigo el licenciado Salcedo y Salmorán y anunciarle la nueva noticia. El regimiento militar de la plaza de Ciudadela se levantara en armas las próximas horas, desconociendo el manifiesto y la supuesta presidencia de Paredes Arrillaga y sus títeres, los generales Bravo y Bustamante – Mi muy estimadísimo amigo, el general Salas se alzara hoy en la tarde. Le he hablado bien de Usted, sabe bien que puede contar con usted. – le da un fuerte abrazo y le comunica, que en cualquier momento, Santa Anna regresa a México.

Salcedo y Salmorán huye de su oficina, nuevamente la presidencia de la republica esta en peligro. No sabe si recoger sus documentos e irse como todos los demás, o quedarse para recibir a quien dentro de unas horas, sería el próximo presidente de la república. Quisiera tener una forma de comunicarse con su amigo Yáñez, quisiera tener un oráculo o algún aparato que le permitiera comunicarse con Amparo; a que mensajero mandaría a decirle a su consejera que nueva acción emprender; observa al oficial Gaudencio que prepara los cartuchos de su pistola, celebrando para esas horas, la derrota de este presidente.

James Thompson sabe perfectamente que la caída del gobierno mexicano es inminente. Sabe también de algunos arreglos amistosos entre Santa Anna con algunos de sus homólogos en la Habana; no tiene duda, ni miedo alguno, de que su misión secreta triunfara. Acostado en la cama de su amante Lupita, Thompson fuma un puro, contraviniendo los mandatos de su religión mormona sigue suspirando el humo del tabaco; piensa y descansa un rato, luego fornica una vez más con su amante y recibe todos los informes que el congal de prostitutas comunica sobre los movimientos políticos y militares del gobierno mexicano. Sabe perfectamente, que a las seis de la tarde, el general Mariano Salas se levantara en armas; proclamando el retorno de Santa Anna.

A las dos de la tarde, el Coronel Gutiérrez y Mendizábal informa al general Mariano Salas que las oficinas del Palacio Nacional se encuentran abandonadas, el general Nicolás Bravo no ofrecerá resistencia. Se congratulan de la retirada del general Paredes Arrillaga – huye el muy señorito, pinche maricon, viejo ridículo, no tiene los tamaños de mi general Santa Anna. – cerca de ahí, el ilustre don Valentín Gómez Farias termina de redactar el nuevo manifiesto con el que se restaurara la Constitución de 1824. - Imprimase más de mil ejemplares, péguese en todas las casas, en todos los comercios, en todas plazas. El general Antonio López de Santa Anna regresa a México.

A unos cuantos kilómetros de la Ciudad, la plaza ocupada por el general Francisco Pérez, desconoce al gobierno de la ciudad de México; se suma a la revolución de Mazatlán, la misma de Jalisco, ahora en Veracruz y próximamente, la que estallara en la ciudad de México. – Que se invite al ilustre general Antonio López de Santa Anna para que venga inmediatamente a ponerse al frente del ejército sostenedor de la independencia y de las libertades nacionales. Fuera los espurios mexicanos, por querernos someter al peor y mas vergonzoso vasallaje, pretendiendo llamar a un príncipe extranjero con título de monarca; por querer traicionar la independencia y contravenir la soberanía del pueblo. 

 Todos están a la espera de lo que ocurrirá. Salcedo y Salmorán abandona la oficina del Palacio Nacional y se dirige a la Casona de Tizapan para ver a su novia. Ahí en la casa de ella, ve a Amparo y también a su suegro, que para esas horas, celebraba con un brindis la caída de este gobierno. – El regreso de Santa Anna es inminente. La patria será salvada. - Fernanda está preocupada, porque desde algún lugar del Colegio Militar, el director del mismo es informado también, que el presidente de la republica huyo del país y que una nueva asonada militar, restaurara un nuevo régimen presidencial.



A las seis de la tarde no pasó nada en la capital. Solamente, las ratas huyeron de ella. ¿Dónde esta el general Nicolás Bravo?. ¿Dónde está el general Anastasio Bustamante?. ¿Dónde está el comandante en jefe de la revolución de Jalisco que juró defendernos de los americanos?. Todos escondidos. En un cuartel de Tlanepantla, la deserción de soldados es evidente. Mariano Paredes Arrillaga quiere morirse. Una embarcación parte de Veracruz con destino a Cuba; desde lo lejos, la naval americana observa con vinculares la tripulación de dicha fragata. Una sonrisa del enemigo. El robo del siglo, del milenio, está por realizarse.

Aquella madrugada, el toque de corneta se escuchó en el cuartel de la Ciudadela. Centro del poder político de todo el país. No lo era el Palacio Nacional, no lo era la Catedral Metropolitana; no lo era tampoco el cuartel militar de Tlanepantla. A las seis de la mañana, los soldados fueron concentrados en la explanada del cuartel, para esperar las instrucciones de su nuevo comandante en jefe.



Las razones de la nueva revolución, debían darse a conocer:

1° Que desde que dejó de existir la Constitución que libre y espontáneamente se dio la Republica, las que posteriormente se han formado, no han sido conforme con las exigencias y deseos de la gran mayoría de la nación.
2° Que de aquí han venido las continuas oscilaciones que han afligido el país hasta el extremo de que despedazado éste y después de haber agravado con estudio sus males exteriores, se han creído autorizados algunos espurios mexicanos para quererlo someter al más vergonzoso vasallaje, pretendiendo llamar un príncipe extranjero que lo gobierne con el titulo de monarca.

Así iniciaba el manifiesto que era pegado en cada casa. En cada esquina, en cada plaza. La nueva revolución prometía ahora si, un verdadero cambio. Un llamado a la conciencia nacional para defender la independencia nacional.

3° Que para facilitar tan horrible traición a la independencia se han tenido la osadía de desconocer la soberanía del pueblo, nombrando un Congreso en el que se han reunido con especial cuidado los elementos mas extraños, pero los mas propios para consumar el oprobio de la nación.
4° Que siendo nulas todas las leyes que dicte el actual Congreso y los actos del gobierno, porque ni el uno ni el otro son legítimos, queda en consecuencia siempre existente un motivo justo para que la nación continúe reclamando el ejercicio de sus incontestables derechos usurpados por la presente administración.

Pero pocos son los que entienden el significado de estas palabras. Nadie sabe lo que es la patria, lo que es la independencia y la soberanía, mucho menos saben lo que es un Congreso. Los soldados de la Ciudadela, solamente están en posición de firmes, esperando las ordenes que se sirviera dictar su general Mariano Salas.

5° Que componiéndose ésta de hombres adictos, unos a la monarquía, otros al detestable centralismo y desafectos todos al ejército, cuya disolución meditan tiempo há, porque encuentran en él un obstáculo para realizar sus perversas miras.
6° Que si estas llegasen desgraciadamente a tener efecto, serían ilusorios los beneficios de la independencia, a la que sacrificamos nuestra sangre y nuestra fortuna para tener el derecho de regirnos conforme a nuestros deseos e intereses.
7° Que constituyéndonos con arreglo á la voluntad de la gran mayoría de la nación, tendremos al fin un código estable, y á su benéfica sombra se desarrollarán nuestros grandes elementos de poder y riqueza, terminando para siempre nuestras agitaciones interiores.
Hemos venido en proclamar y proclamamos el siguiente plan de verdadera regeneración de la República:

La promesa de apoyar a la revolución, era el aumento de sus haberes, el otorgamiento de grados y la concesión de tierras para todos aquellos que podían reclutar, mayores soldados a la causa. La tropa escucha esta nueva promesa. El nuevo caudillo revolucionario, pasa lista a los presentes. El silencio absoluto espera la nueva proclama del movimiento regenerador de la República.

- Estimados soldados. Hijos de la patria. No soy hombre de palabras. No se hablar en público. Quizás tampoco sea el líder que necesita el país en esta guerra contra los Estados Unidos de Norte América. – Dijo el general Salas, ante el regimiento de mil soldados que callaba ante su superioridad. - Lo único que si puedo decirles con toda seguridad, es que si se, lo que le conviene a mi país, y lo que no le conviene. También se quién puede ser un traidor y quien puede ser un héroe. Al menos la experiencia me ha dicho, que si existe un traidor, ese ha sido el que ostenta el cargo de Presidente, a quien responde al nombre de Paredes Arrillaga y quien se ha dedicado vender la patria, no solamente ante los americanos; sino que ahora, mancilla nuestra independencia para que México vuelva a ser una colonia de los Españoles.

ARTÍCULO 1° En lugar del Congreso que actualmente existe, se reunirá otro compuesto de representantes nombrados popularmente según las leyes electorales que sirvieron para el nombramiento del de 1824, el cual se encargará así de constituir á la nación adoptando la forma de gobierno que le parezca conforme a la voluntad nacional, como también de todo lo relativo a la guerra con los Estados Unidos y á la cuestión de Texas y demás departamentos fronterizos, queda excluida la forma de gobierno monárquico que la nación detesta evidentemente.



Son varios los liberales que atraídos por la revolución, acuden a la casa del doctor Valentín Gómez Farias para manifestarle toda su solidaridad. La razón había llegado a los gobernantes de ese país con el movimiento regenerador. Hombres ilustres como el doctor Farias y el liderazgo del general Santa Anna, otorgaban mayores garantías de seguridad para la defensa del país, en éstos, sus momentos más difíciles de vida independiente; que las ideas conservadores y monarquistas, del peor grupúsculo político que había tenido el país; sean por siempre aniquiladas. El pueblo de México y sus mejores hijos, han decidido defender ante todo a la Republica.

ARTÍCULO 2” Todos los mexicanos fieles a su país, inclusos los que están fuera de él, son llamados á prestar sus servicios en el actual movimiento nacional, para el cual se invita muy especialmente al Excelenticisimo Señor General, Benemérito de la Patria, don Antonio López de Santa Anna, reconociéndolo desde luego como general en jefe de todas las fuerzas comprometidas y resueltas á combatir porque la nación recobre sus derechos, asegure su libertad y se gobierne por si misma.

Reconozcámoslo todos. Santa Anna podrá tener todos los errores de cualquier ser humano. Puede ser mujeriego, apostador, voluble, soberbio, hasta por momentos demasiado hablador; pero su patriotismo y su valentía no esta en duda, su capacidad de arrastrar a las masas, de levantar ejércitos de la nada; se liderar al país hasta al final, es indiscutible. ¡Ese es Santa Anna¡. ¡Que regrese a México¡. ¡La patria entera lo espera¡ . La tropa de la ciudadela vuelve a dar otro grita de efervescencia a la voz de : ¡Viva Santa Anna¡. Cuando el general Mariano Salas, promete a la tropa, que el no será el hombre que defienda a la patria de la invasión yanqui; él no es quien se pondrá a frente de los mejores soldados de la patria para ir a combatir el enemigo; él únicamente proclama la nueva revolución, para la defensa de la soberanía nacional y también para que regresara Santa Anna; para que con él, se estableciera de una vez por siempre, orden, la prosperidad, la defensa de cada centímetro del territorio nacional.

ARTICULO 3° Ínterin se reúne el soberano Congreso y decreta todo lo que fuera conveniente para la guerra, será precisa obligación del Ejecutivo el dictar cuantas medidas sean urgentes y necesarias para sostener con decoro el pabellón nacional y cumplir con este deber sagrado sin pérdida ni de un solo momento.

Que todos sepan la gravedad de las cosas. San Francisco California fue ocupada. Nuevo México esta siendo sitiada; Texas ya es propiedad de los americanos; Matamoros ha caído; Tampico y Veracruz han sido bloqueadas navalmente. Más de cinco mil soldados americanos, entran al territorio nacional, para despojarnos de nuestra independencia. - El traidor no es aquel que huye de la capital como el general Paredes Arrillaga, quien nunca se dirigió al norte para frenar el avance americano; quien nunca tuvo el menor interés para la defensa del territorio; quien sólo se dedicó a gastar recursos para una campaña propagandística para convertirnos en vil colonia de los Españoles; quién miente y huye a escondidas, con argumentos supuestamente patriotas, pero a todas luces, cobardes como lo ha sido él y todo su nefasto gobierno. Quien ahora escapa de la capital, tras siete meses de prometer el decoro nacional y salir corriendo, como el peor de los hombres afeminados. - ¡Muera Paredes Arrillaga¡. ¡Muera la monarquía¡. ¡Viva Santa Anna¡. ¡Viva la Republica¡.

ARTICULO 4° A los cuatro meses de haber ocupado las fuerzas libertadoras la capital de la Republica, deberá estar reunido el Congreso de que habla el artículo primero, para lo cual será obligación del general en jefe expedir la convocatoria en los términos insinuados, y cuidar de que las elecciones se hagan con la mayor libertad posible.

Nuevas elecciones, fue lo primero que pensó el abogado Mariano Otero, luego de haber leído la convocatoria. Una nueva oportunidad se daba el país. El golpe militar era racional, era un acto, que si bien no era apegado conforme a la ley, si lo era justo políticamente bien acertada. Un gobierno racional con una democracia autentica. Un cambio de rumbo. ¡La salvación nacional¡.

ARTÍCULO 5° Se garantiza la existencia del ejército, asegurándole que será atendido y protegido como corresponde á la benemérita clase militar de un pueblo libre.

La tropa callada sabía por lo menos que Santa Anna era un buen militar. Un verdadero líder. Las promesas de mejores haberes eran reales. Los altos oficiales así también lo sabían; nadie sabe cómo, pero Santa Anna consigue dinero hasta por debajo de las piedras. Todos lo quieren. Todos lo odian. Pero son mas los que lo aman, lo temen, lo respetan, lo siguen; le son capaces hasta de morirse por él. ¡Ese es nuestro Napoleón, el es el salvador de la patria. ¿Qué dios bendiga por siempre a don Antonio López de Santa Anna¡.

El Colegio Militar declara su total imparcialidad a la revolución santa annista, pero no se declara su enemigo. Están todos de acuerdo, que ese hombre fuerte que necesita el país, es precisamente el general Santa Anna. El héroe de Tampico, el Protector de Anahuac; el por siempre Benemérito de la Patria.

ARTÍCULO 6° Se declara traidor á la nación cualquiera que procure retardar la reunión del citado Congreso, atente contra él, poniendo obstáculos á la libertad de sus miembros, disolviéndolo ó suspendiendo sus sesiones o pretenda oponerse á la constitución que establezca ó á las leyes que expida con arreglo al presente plan.

La nueva revolución iniciaría. La esperanza de una patria nueva estaba por llegar. El ejército acuartelado en la Ciudadela, la espera la orden de ocupación del Palacio Nacional; al mismo tiempo que el distinguidísimo doctor Valentín Gómez Farias recibe en su casa, a cientos de connotadas personas, que le ratificaban su lealtad, su total subordinación a sus ideas liberales, anticlericales y nacionalistas. Abrazos y más abrazos recibía el doctor, en forma paralela mientras los soldados de la Ciudadela, salen del cuartel, para ocupar posiciones, cerca del Palacio Nacional. Todo esto ocurre; abrazos al doctor Farias, tropa que se moviliza y una pequeña embarcación que parte de Veracruz, con destino a Cuba. Tarde o temprano se reunirían los dos hombres mas ilustres del país. La mente mas pensante en todo el país: Valentín Gómez Farias; y el mexicano mas valiente: Antonio López de Santa Anna.

El presidente provisional don Nicolás Bravo, proclama otro manifiesto en el que condena la revolución. Advierte que esta revolución implora a Santa Anna, quien no solucionara el problema, sino por lo contrario, burlara con desprecio las esperanzas de los mexicanos. Pero nadie le hace caso. Asegura el todavía gobierno del general Paredes Arrillaga puede regresar a la capital; pero nadie cree semejante mentira. El cobarde general que tanto prometió defender la soberanía nacional, huyo de la ciudad, huyo de Tlanepantla, su ejército disuelto y posteriormente capturado. - ¡El que hierro mata a hierro muere. – Hace dos años Santa Anna siendo presidente salió de la capital para recuperar Texas, siendo este desconocido como presidente para posteriromenet ser capturado. ¡No lo olviden¡. - México no aprende. – I don’t learn people’s mexican. What easy forgett.  – Todo se paga. Paredes y Arrillaga corre ahora la misma suerte.

El jefe político aunque sea moral y no político, es Nicolás Bravo, el gran insurgente de la independencia. Alumno de José María de Morelos; luchador social, dirigente político y héroe nacional; no puede hacer nada para evitar este golpe militar. Uno más desde que México se hizo independiente. Once años duro la lucha de la independencia y otros veintiséis años más, para que México siguiera buscando su forma de gobierno.

Otro militar, de nombre Benito Quijano, cuenta con amplias facultades para pactar con los subversivos, entonces se dispone quizá a tratar la entrega del Palacio Nacional. Pero el general Mariano Salas desestima su autoridad, cuenta con todo el poder militar para avanzar tranquilamente al Palacio Nacional; sus soldados solamente esperan la orden de ataque.  Benito Quijano trata de parlamentar con el general Mariano Salas sobre la forma en que se entregara el poder, acepta adherirse al plan de la Ciudadela en todos y en cada uno de sus términos; y también a sujetarse a las órdenes del excelentísimo general Mariano Salas. Consiente en sumar sus tropas para ocupar el Palacio Nacional en el momento en que éste disponga. Promete no emprender ningún ataque contra personas armadas en defensa del Gobierno revolucionario. Sólo así, la ocupación del Palacio Nacional sería de manera pacífica y civilizada. Sin derramar una gota de sangre.

A las tres de la tarde del seis de agosto, el repique de las campanas, las dianas y el cántico sonoro de las bandas militares, anuncian la llegada del caudillo del Plan de la Ciudadela.   Los cohetes y las salvas de veintiún cañonazos, se alcanzaban a escuchar desde el cerro de Chapultepetl, donde Jesús Melgar, sólo en su dormitorio, maquila la decisión mas importante de su vida.

El nuevo jefe político del país, es el general Mariano Salas. La puerta está abierta para que regrese Santa Anna.