jueves, 27 de octubre de 2016

CAPITULO 71


Esta preparado el ejército mexicano para resistir cualquier ataque del enemigo. Nuestras líneas se encuentran perfectamente fortificadas en cada uno de sus puntos. Casa Mata, Molino del Rey, Chapultepetl, las garitas de Belén, San Cosme, Niño Perdido, mas aparte la caballería comandada por el general Juan Álvarez, ubicada en el pueblo de Azcapotzalco; al menos nueve mil hombres defienden el suelo patrio; y desde distintos puntos de la Republica mexicana, Tepic, Toluca y San Luis Potosí, se espera la llegada de miles de refuerzos. Aun tenemos esperanzas de salir avantes de esta nefasta invasión. El enemigo debe saber, que no será más que con ríos de sangre, la única forma en que podrá conquistar a México.

Las horas de la noche transcurrieron con tanta lentitud, que el generalísimo Santa Anna no quería dormirse, para que nada grave ocurriera en esas horas de la noche y no amaneciera al día siguiente con ingratas sorpresas; las ultimas noticias que tenía de los americanos, era que se preparaban hacer un ataque del lado oriente de la ciudad, atacando San Lázaro y la Calendaría; puntos estratégicos que había que defender, más que Chapultepetl, donde seguramente los americanos, cobardes como siempre habían sido, no darían batalla.

Mientras eso ocurre, mientras el movimiento de los soldados americanos es rumbo a Casa Mata, otro regimiento presidido personalmente por el general Scott, ante la mirada incrédula de los monjes carmelitas, se dedican a talar árboles en la Villa de San Ángel para inspeccionar cada yarda del suelo y con ello hallar quizás una puerta secreta para entrar a un túnel; así de esa forma, mientras algunos americanos se lanzan a la búsqueda del tesoro escondido, otros más se lanzan atacar el reducto de armas secretas que guarda el ejército mexicano, la fábrica de pólvora en Molino del Rey.

Paralelamente a esa tala de árboles en San Ángel, en el cuarto de guerra, el general Santa Anna no cae en lo que piensa es una trampa, los americanos pretenden engañarlo, haciéndole creer que atacara Casa Mata, cuando realmente lo harán en la garita de Calendaría, llegando a la Ciudad de México por la parte trasera y no de enfrente por Chapultepetl; sin dudarlo, ordena el despliegue de fuerzas de Casa Mata a Calendaría; es listo, pero su decisión equivocada, los americanos nunca pisaron las garitas de San Juan, cuando mucho se escucharon algunos cañonazos en la garita de San Antonio Abad, lo que fue una falsa alarma, pues el verdadero ataque fue nada menos y nada más que en Casa Mata; ahora en esos momentos, debilitada por una intuición fallida.



El ataque al Valle de México inicia y mientras eso ocurre, mientras a lo lejos se libra uno de los combates finales de la guerra, la escolta de soldados comandada por el Coronel Melgar Gutiérrez y Mendizábal logra ingresar a las oficinas del juzgado, para destrozarlas y aprehender en el mismo lugar, al funcionario judicial Armando Villarejo, acusada por el general Santa Anna de traición a la patria; el joven abogado, detenido por la tropa, trata de discutir con el coronel alegando su defensa y sus altas funciones de empleado público, aclarando que no existía ningún delito en su contra para que procedieran de esa forma, pero el Coronel a punta de culatazos, agredió al funcionario, sacándole sangre de la nariz, golpeándolo con las culatas de los rifles, jalándole de los cabellos y recibiendo la embestida de los puñetazos que le daban los soldados; de esa forma, Armando Villarejo sufría la peor agresión que había recibido en toda su vida; dos dientes perdió de un fuerte impacto con la cacha de una pistola, sus anteojos fueron rotos y pisoteados, la vista se le nublo al sentir ese golpe en la nuca y después, su cuerpo se volvió resistente, duro, como una piedra, sin poder sentir ya el dolor, de la cantidad interminable de golpes que seguía recibiendo.



Esa es la rudeza de nuestro ejército. Las líneas de Chapultepetl debidamente fortificadas, en ellas, el general Nicolás Bravo y algunos funcionarios del Colegio Militar siguen trabajando las líneas de fortificación, en ellos se encuentra el ex cadete y ahora teniente Juan de la Barrera para continuar con los trabajos, que el director del Colegio le había encomendado. Si los americanos vencen en Casa Mata y Molino del Rey, el próximo combate sería sin duda en Chapultepetl.

De esa forma, el 8 de septiembre de 1847 se inició el tan anhelado ataque de los americanos. Santa Anna convencido que atacarían por la Calendaría, pudo percatarse que sus cálculos eran erróneos, pues los cañonazos que se escuchaban provenían de Chapultepetl; para sorpresa suya que nunca debió de haber sido sorpresa suya, Casa Mata estaba siendo asaltada por los americanos, y mientras tanto, el licenciado Villarejo, era trasladado sobre aquella carreta, para ser tirado su cadáver en los llanos de Santo Thomas, su falta grave no sería jamás perdonada por el general, a quien se le atrevió llamarle “Encargado del Poder Ejecutivo”; ahí queda la democracia, las garantías, el derecho constitucional, el fallo protector, las leyes y las discusiones doctrinarias del doctor Samuel Ramos, de don Mariano Otero, del mismísimo Manuel Crescencio Rejón, las enseñanzas en la Academia de Jurisprudencia de quien alguna vez fuese su maestro, el licenciado Salcedo Salmorán; un fallo de papel pisoteado por las botas de los militares y después por la pisada de los caballos, el cuerpo de un funcionario judicial vejado, manchado de sangre, inconsciente, debatiéndose en esas horas entre la vida y la muerte.

Ahí estaban los edificios de Casa Mata a la izquierda a la derecho de esta Molino del Rey; ahí estaban escondidas las armas que con tanto recelo custodiaba el ejército mexicano; las armas secretas y escondidas de los mexicanos yacen en Casa Mata, lugar donde funden los cañones, donde se fabrica la pólvora y los rifles con el que los mexicanos atacan a los americanos, hay que tomarla a como dé lugar; entre balazos y soldados que caen, el ataque continua de forma muy pareja, librándose una de las peores batallas del momento; los americanos caen uno a uno por la puntería de la infantería mexicana, los arboles se incendian, el humo crece y tapa la visibilidad de los americanos, solo se siente el vibrar de la tierra, entre chiflidos y estallidos, la tierra se sacude, sin darse cuenta ya los soldados, quien muere o quien cae herido. ¡Es la guerra¡. ¡Así es la guerra¡. ¡Esto es la guerra¡.



Las órdenes del Coronel Melgar Gutiérrez y Mendizábal debían de cumplirse aun pese a esa batalla que se estaba librando. Debía llegar a San Ángel para tomar prisioneros a ese funcionario desleal llamado Jorge Enrique Salcedo y Salmorán y a esa mujerzuela marimacha, que tuvo la ocurrencia de haber promovido un juicio contra el generalísimo Santa Anna; ya había aprendido al funcionario judicial y habiendo ejecutado los actos de tortura que le fueron ordenados; sólo le faltaba ir por esas dos presas traicioneras; parecía difícil cumplir esa misión, el Coronel Gutiérrez y Mendizábal no debía cruzar esa línea de ataque, donde las balas americanas y las mexicanas se cruzaban una y otra sin cesar, donde por accidente y no por intención alguna, podría morir entre las balas.

 Tres mil quinientos soldados americanos peleaban contra cuatro mil soldados mexicanos, por los terrenos de Casa Mata y Molino del Rey; quinientos soldados mas tenía el ejército mexicanos, de los cuales al menos cuatrocientos, eran voluntarios que se habían sumado en la ultima hora de la defensa de la ciudad; los combates fueron crueles, hasta que los americanos, habían optado por retirarse del lugar, dejando en el campo de batalla, al menos mil de sus hombres entre muertos y heridos. ¡Eran gritos de júbilo de la tropa mexicana¡. Entre dianas y vítores, los soldados mexicanos siguieron tomando posiciones para continuar el ataque; el general Juan Álvarez al mando de la caballería no supo en qué momento intervenir, los americanos se retiraron de una forma desordenada, en el momento crucial en que el general Álvarez debió de haber intervenido para acabar por lo menos, con la mitad de los soldados invasores y no hizo nada el viejo insurgente, sólo miro el triste espectáculo, de soldados corriendo, huyendo de Casa Mata y del Molino de Rey, sin haber optado por la estocada final al adversario. En balde tanta caballería para presenciar un combate armado.



El general Worth una vez retrocediendo del campo de batalla reagrupo sus fuerzas e inicio nuevamente otra embestida; entre el fuego y el humo, el ejército americano volvió a tomar posición de ataque, sin emprender esta vez retirada alguna, uno a uno de los soldados seguían cayendo al suelo y no conforme con eso, los americanos seguían disparando y con sus rifles y potentes cañones; desde ahí los esperaron los coroneles Echegaray y Lucas Balderas; éste último con su batallón Mina, resistió la embestida con heroísmo, pero cayó acribillado el joven militar, muerto el y sus acompañantes; a sangre y fuego, los americanos lograron tomar los Molinos del Rey, encontrando en ello, la resistencia de los soldados mexicanos, que antes de entregarse, decidieron romper sus rifles.

Pronto se da cuenta el coronel Melgar Gutiérrez y Mendizábal por el ruido de los cañones y de las balas; que no podrá cumplir con su plan de aprehender a Jorge Enrique Salcedo y la señora Magdalena Amparo; era muy arriesgado cruzar el campo de batalla; Gutiérrez lo piensa antes de hacerlo y opta por la mejor decisión, retirarse, dejar que los suyos sigan resistiendo el avance americano.

Los soldados americanos ocupan Molino del Rey y desde ahí establecen su potente batería para destrozar cada una de las paredes de ladrillo tezontle de Casa Mata;  no hay escapatoria para los mexicanos; después de intensos combates, deciden rendirse, al ya no poder resistir por ningún minuto más, el despiadado ataque americano.

Luego de por lo menos setecientos soldados americanos muertos, el general Worth logra entrar a la fábrica de armas del ejército mexicano para buscar donde se encuentra la pólvora y los rifles que estaban fabricando y ante su frustrada búsqueda, se lleva una ingrata sorpresa; ¿Dónde están las armas?. ¿Los cañones?. Perder tanta tropa por una falsa suposición. Scott había mandado a casi la mitad de su ejército a un combate infructuoso, donde fue mucho lo que se perdió y poco o nada lo que se gano. El general en jefe del ejército de los Estados Unidos debe ser juzgado ante una corte marcial, por haber sacrificado en una batalla inútil, a más de setecientos soldados americanos que dieron su vida, en un combate infructuoso, frívolo, sin acierto alguno; otro que debe ser llamado al Consejo de Guerra, pero del lado mexicano, es el general Juan Álvarez, viejo insurgente de la guerra de independencia, quien peleo con Morelos, pero que en el momento más difícil de la historia de México, sólo vio pasar al ejército americano, sin haberle dado ataque alguno.

¡Traidores¡. ¡Viles traidores¡. La batalla como todas las demás batallas tiene un solo responsable. El mismo traidor de siempre. No es Juan Álvarez que nada hizo frente a su adversario, no obstante de contar con mayores soldados, de tener una caballería bien descansada y una posición estratégica; traidores y mas traidores, los mexicanos que siguen desertando, los que en ese momento renuncian o se reportan enfermos a sus servicios, en las horas más difíciles de la historia de México. Como el director del Colegio Militar que se reportó enfermo el día de los hechos, al igual que el subdirector y la mayoría de los funcionarios de la escuela de cadetes; traidores y mas traidores, los que siguen revelando las posiciones del ejército mexicano, los que incitan a la rendición, los que se esconden entre el fuego y el humo, los que no responden recíprocamente, al heroísmo de los héroes muertos por el invasor. A lo lejos, se observa el oficial Margarito Suazo, miembro del batallón de Mina, envuelto en la bandera ensangrentada y perforada por las bayonetas de las americanas; el oficial mexicano muere, como los cientos de mexicanos que murieron aquella tarde; es la guerra, la peste, el color del cielo, el olor a pólvora y a muerto, el sol manchado de polvo, de humo, de simple sangre.

El general Antonio López de Santa Anna es informado sobre esta nueva derrota. Es responsable de haber debilitado la línea de Casa Mata, por defender las garitas de San Antonio Abad, Calendaría y San Lázaro; se siente frustrado, son los últimos minutos de su efímero gobierno, de su tan anhelada gloria y grato recuerdo en la historia mexicana, nunca será recordado por el héroe que quiso ser, siempre será acusado de traidor y demeritado sus acciones de campaña por defender, ya no el país entero, sino la Ciudad de México. De tratar de sostener, la independencia mexicana, que se desmorona minuto a minuto, en la misma medida, en que el ejército yanqui sigue tomando posiciones. Sólo queda Chapultepetl y después de este, los combates crueles que podrán librarse calle por calle y casa por casa en la Ciudad, es cuestión de principios, de honor y patriotismo, es nuestra memoria, nuestra independencia, nuestra soberanía; entiendan por favor. ¡Green-Gos¡.

Mientras tanto, el general Scott continúa en su ordenanza de talar los árboles de San Ángel para hallar la puerta secreta que los conduzca al túnel que lo llevara al tesoro de Moctezuma; los monjes carmelitas no entienden los planes de Scott, sólo tratan de convencer al general Americano, de que ellos no incitarían a los mexicanos a sumarse a la guerra, son neutrales en este conflicto militar y su única participación, sería meramente evangelizadora, dando los santos oleos a los enfermos y moribundos, encabezando si así se les ordenare, las ceremonias religiosas que le fueron requeridas, pero de ninguna forma, convocarían al pueblo de San Ángel a levantarse en armas contra ellos.

Scott no le preocupa el levantamiento de los angelinos; le interesa encontrar la puerta secreta que lo llevara al tan anhelado camino que le permita encontrar el tan ansioso tesoro de Moctezuma. ¿Cuál tesoro? – preguntan los monjes carmelitas. ¡Un tesoro que existe debajo de este suelo; enormes pasillos de quinqués, que comunica este templo con el de desierto de los Leones, donde se esconden cofres de oro, dinero, documentos y cosas extrañas, inclusive hasta el tesoro del emperador azteca. Un escondite secreto que también ha sido aprovechado por los últimos virreyes españoles y que su legión ha sabido conservar y guardar en silencio.

Los monjes carmelitas no entienden lo que trata de decir Scott; Thompson sirviendo de intérprete, traduce lo dicho por el general y los monjes, incrédulos y sorprendidos por lo que acaban de escuchar, manifiestan su total desconocimiento, ¡nada de eso es cierto¡. ¡Moctezuma murió hace muchos años y no dejo nada a nuestra congregación¡. ¡Quien dijo tremenda fantasía¡. Thompson trata de convencer a los monjes carmelitas sobre esas leyendas y les ofrece, parte de esas riquezas para remodelar su templo; para financiar inclusive nuevas misiones en las islas del Caribe, Sudamérica o porque no, en los propios Estados Unidos; pero los monjes carmelitas, siguen desconcertados, el porqué el ejército de los Estados Unidos sigue talando los arboles, tratando de encontrar la realidad de una leyenda de fantasía. ¡No hay nada¡. ¡Ni aquí, ni allá¡. ¡No hubo nada y jamás habrá nada¡. Lamento decirle general, que todo es un engaño.

Scott no puede ser engañado de esa forma; menos aun, cuando recibe de manera urgente el correo que le envía un centinela, el jefe de armas del ejercito americano rompe la carta esperando recibir una buena noticia y sólo alcanza a leer la enérgica protesta del general Worth, haciéndole de su conocimiento sobre la absurda campaña realizada por ocupar Casa Mata y Molino del Rey que le costó a Norte América, al menos la muerte de setecientos soldados; deberá responder ante una corte marcial por esa acción inútil, que puso en riesgo, la victoria de nuestra nación. Scott molestó por lo ocurrido, se entera que la fábrica de armas y de pólvora, no era ni fabrica, ni tampoco había armas, ni mucho menos pólvora, simplemente había paja y mas paja, y muchos soldados mexicanos valientes que defendieron con honor su patria. ¡Es un engaño¡. ¡Un lamentable error¡. Reitera el monje carmelita y Scott así lo cree. ¡Es un vil engaño¡. ¡Un estúpido engaño¡. …Como puedo creer en los informes de este frustrado espía, que ni siquiera a los mormones pudo capturar.

W. Scott ordena dejar sin efectos las obras de la búsqueda del tesoro y vierte sus más sinceras disculpas por los desperfectos ocasionados, pues comprende que también ese es un engaño y ¡Usted Thompson, un imbécil¡. ¡un verdadero imbécil a quien nunca debí de haber creído¡.  ¡No entiendo como el Presidente Polk pudo comisionarlo a este país¡.

James Thompson se siente estafado por los bandoleros mexicanos que le prometieron llevarlo a ese tesoro inexistente, se siente ridiculizado por haber creído en esas leyendas fantasiosas, hasta en ese momento, se da cuenta que efectivamente, todo era una mentira, una grandísima mentira de esa prostituta que lo único que hacía era sacarle dinero y darle falsa información con historias fantasiosas. Que estúpido se sintió al haber sido regañado por el general Scott, al haberle dado una información falsa al general Scott y posible presidente de su nación. ¡Hay Guadalupe¡. Thompson recuerda en ese instante a esa mujer, para decirle desde sus adentros: ¡maldita puta¡.





martes, 25 de octubre de 2016

CAPITULO 70


¡No es un juicio justo¡. … reclamaron los prisioneros de guerra, los 87 soldados irlandeses pertenecientes a la compañía del Batallón de San Patricio. - ¡Son más que unos simples traidores¡. – respondió Scott. - ¡inmigrantes desleales, que sirvieron al enemigo¡. ¡Falta grave¡…¡¡Muy grave¡…. ¡deben ser ejecutados¡. Pelearon como héroes en Monterrey y también en Churubusco, nos consta, ojala asì hubieran peleado contra los mexicanos; soldados traidores.

El general Scott había recibido la sentencia que había dictado el Consejo de Guerra, respecto al caso de los soldados desertores del ejército americano. La sentencia era condenatoria y no otorgaría por ella indulto alguno, ni mucho menos retrasaría la ejecución del fallo, ni de pediría opinión al presidente de los Estados Unidos, menos aún, a las autoridades mexicanas que estaban siendo invadidas y derrotadas en todos los campos de batalla. Esa sentencia tenía que ejecutarse en todas sus letras, marcar de por vida a los soldados traidores cicatrizándoles la cara con la letra “D” y otros más ahorcarlos, como viles delincuentes, tipos sin honor ni respeto alguno; como lo que debería de hacerle al presidente de México López de Santa Anna, de tenerlo a la vista, llevarlo no al paredón de fusilamiento, sino a la ahorca, como vil jefe de todos los gavilleros.


Durante los días del armisticio, Scott había logrado colocar sus posiciones en todo el Valle de México. Sólo una muralla de pequeñas trincheras y de soldados mexicanos, le impedían tener el control total del Valle de México. ¿Porque no se rinden esos indios? Se preguntaba una y otra vez más, cuando se miraba en el espejo al afeitarse aquella barba blanca, ¿Por qué diablos siguen peleando esos mexicanos, si la guerra ya esta perdida?. El país esta controlado, los caminos a Veracruz ocupados, el norte de México: Texas, Nuevo México, California, ocupados; Churubusco, Coyoacán, San Angel ocupados; todo México  esta ocupado, menos la conciencia de esos indios. ¿Qué habrá que hacer para que esos mexicanos se rindan?. Les vamos a dar dinero. Mucho dinero. Veinte millones de pesos no son suficientes para modernizar este incivilizado país. Veinte millones de pesos para comprar la paz y ellos su progreso.  ¿Y el tesoro?. – pregunto Scott. ¿Dónde diablos esta el tesoro, del que me ha hablado tanto?. Los cofres de oro, los monolitos azteca, las piedras preciosas, las plumas, los penachos, las telas, los códices primitivos; ¿Dónde esta el tesoro Mr Thompson?. El que dijo que de descubrirlo, América se engrandecería.



James Thompson se quedo callado, no contestó. A más de tres años de radicar en México, se encontraba tan cercano del tesoro, pero a la vez tan lejano de éste. Sabía que estaba en México, concretamente, en las cercanías de San Angel, pero no podía precisar la ubicación exacta. ¿Aun no podía dar con él?. ¿Y entonces?. ¿Ir a una guerra y matar a miles de mexicanos, sólo por un tesoro inexistente, producto de la imaginación?. - ¿No será acaso el tesoro, el territorio nacional con el que México indemnizará a Norte América los gastos de guerra efectuados?. ¿No será ese el verdadero tesoro?.

¡No¡ … respondió tajantemente Thompson. No es ese el tesoro. El verdadero tesoro esconde las historias de los habitantes primitivos de la tierra americana. Contiene mensajes divinos, conjuros secretos, es de inspiración divina; vale más de lo que la hacienda pública pudiera recaudar en cien años, de lo que el territorio mexicano pudiera indemnizarnos. ¿Pero que indicios tendrá para encontrarlo?. ¿Qué pistas tiene?. – Pregunto desesperado Scott - ¿Quién diablos le habló de él?.

Sólo sé que esta en San Angel. Thompson maldijó una y otra vez más, la traición de los oficiales Gaudencio y del coronel Melgar Gutiérrez y Mendizábal, quienes le prometieron llevarlo a ese túnel. Les había pagado un anticipo y los muy ladinos jamás regresaron. Ahora que el general Scott preguntaba por el tesoro, Thompson únicamente repitió lo que alguna vez Guadalupe le comento. El tesoro esta en un túnel, una bóveda, un subterráneo, habrá que excavar la tierra y encontrarlo. Eso es lo único que sé. Sé que es cierto, porque todo el mundo habla de él, es más, me atrevería asegurar que el mismo Santa Anna sabe de su existencia, sino de su ubicación, juraría que sabe al menos, de gente confiable que sabe de su existencia. La propia Iglesia Católica sabe también de su existencia.

-       ¿Quién de la Iglesia Católica
-       Los monjes carmelitas.



Scott seguía incrédulo de la existencia de dicho tesoro. Ahora resultaba que después de viajar miles de millas, desde la Unión Americana hasta México en busca de ese misterioso tesoro, los únicos que podían dar alguna pista de ese tesoro, eran los monjes carmelitas. ¡Que diablos tenían ellos que ver con el Tesoro de Moctezuma.

Mucho general. Los monjes carmelitas es una fación de la Iglesia Católica, que se caracteriza por no ambicionar las riquezas y la vida ostentosa que caracterizan a los príncipes católicos. Se asimilan verdaderos imitadores de la pobreza de Jesúscrito y por ello, andan descalzos. Que mejor que ellos, para poder esconder fortuna, dinero, oro; podrían esconder todos los tesoros del mundo y aseguro, que jamás se verían tentados por el pecado de la ambición. Es una orden religiosa equilibrada, cuya única virtud que al menos ostentan, es su pobreza.

El general Scott seguía sin entender la explicación de Thompson, pero se vio atrapada por ella. Como podía ser que una orden religiosa acostumbrada a vivir en la humildad, pudiera acaparar muchas riquezas. ¡Si era posible¡. Respondió el agente Thompson. Es una orden acostumbrada al retiro, a la oración, a la penitencia; imitadores por otros fieles de la iglesia y repudiados por otras facciones de la iglesia católica, no aceptan la orden, por su exagerada humildad. Para estos monjes estar descalzos es la máxima demostración de su pobreza y de su repudió a la ambición. Para poder garantizar la sobrevivencia y expansión de su congregación, han tenido que aceptar cuantiosos donativos de gente acaudalada que pretende comprar en vida el perdón de sus pecados, sin hacer uso de dichos recursos, mas que para su propia subsistencia; inclusive la orden ha recibido cuantiosas fortunas, por gente que hace entrega de la mismas, porque tienen la seguridad de que dichos monjes serían incapaces de robarles lo mínimo. Con la misma facilidad que aceptan donaciones, toleran que su patrimonio se vea mermado, sin oponer a ella la mínima resistencia. Sepa que aquí en México no existen los Bancos, así que el mejor Banquero en este región, que además de no cobrar comisiones ni tampoco intereses, ni hace uso indebido del dinero o de los bienes que le depositan, son los propios carmelitas.

Scott se sorprendió de saber eso. No daba crédito que en el mundo existieran grupos religiosos con esas tendencias ideológicas. Que mejor que ellos, la orden carmelita, la que supiera donde se guardaba el tesoro de Moctezuma. ¿Pero como hacerles hablar?. Scott había jurado ante la nobleza católica, que respetaría la fe de estos y de sus iglesias; no podía emprender ninguna acción violenta en contra de la Iglesia Católica, pues de hacerlo, correría el peligro de que el clero católico asumiera un papel activo en la intervención, llamando a sus feligreses a la guerra.



Thompson supo entonces que hacer para descubrir ese tesoro. Recordó entonces una conversación que tuviera con Guadalupe, aquella prostituta que dijo haber sido monja. ¡Era cierto¡.  ¡Hay una cueva secreta¡. - ¡Resulto cierto lo que Guadalupe alguna vez le dijo - Esa cueva esta cerca del Pedregal, allá por el pueblo de San Angel. Es la “boca del diablo”. “la entrada del infierno”, custodiada por un “charro negro” al que identifican como el diablo; esa cueva esconde los tesoros que buscamos. En ella hay mucho dinero, joyas, oro, plata, cofres, barriles, piedras preciosas. El pueblo dice que la cuidan los demonios y hasta se han atrevido a inventar historias de chaneques, duendes, seres de ultratumba que disuaden entrar al bosque, pero realmente, los tesoros escondidos en esa cueva, son custodiados por los bandidos de la región.



Scott permaneció callado, siguiendo escuchando lo que Thompson le seguía comentando. Una cueva, que es o que conecta con túneles secretos, si no los conoce uno, corre uno el riesgo de perderse y jamás regresar al “mundo de los vivos”; por eso la gente dice, que quien entra en ese lugar, regresa loco y viejo; no ha de ser un lugar agradable, han de existir cráneos y mucho polvo, un olor fétido; Pero los únicos que nos pueden llevar a ese escondite, son los monjes carmelitas. No cabe duda que en esos túneles, los carmelitas esconden sus riquezas. Son unos túneles que por debajo de la tierra, conectan las iglesias del Carmen y el Desierto de los Leones.



Scott no pudo concebir la existencia de esos túneles secretos, mas en una nación tan atrasada como lo era México. Lo creía de Francia o de Londres, inclusive hasta de Roma; pero no de México, mucho menos de un poblado tan atrasado como San Angel. Donde los únicos moradores, sino eran indios lugareños, eran monjes.

También delincuentes. Los delincuentes son los que están escondidos en el bosque. Son ellos los que conocen las cuevas y los caminos secretos. Es donde ellos ocultan sus botines de guerra; los que se han dedicado hacer del bosque, un lugar de leyendas, de fantasmas y demonios. Es claro, que los únicos espíritus que espantan, son la de los vivos y no de los muertos. Los que inventan las historias fantasiosas, para generar miedo y disuadir que nadie busque esos caminos secretos.



Thompson descubrió el tesoro. Entendió en tan solo unos instantes, lo que en tres años de su estancia había buscado. ¡Ese lugar existe¡ Los caminos secretos, no es mas que un túnel, que aprovechando las montañas, los ríos secos o la barranca, se fue construyendo a lo largo de trescientos años, desde que llegó la orden monástica en San Angel y en el denominado “Desierto de los Leones”, Esos pasillos secretos, no eran mas que vereditas, construidas a través del tiempo, los cuales posteriormente fueron techadas, aprovechando las paredes naturales que el piso rocoso y los montes le ofrecían; esos caminos se convirtieron en túneles, los cuales se fusionaban con las cuevas de aquellos montes; Guadalupe tenía razón. La “boca del diablo” existen y también esas caminos ocultos, alumbrados con quinqués, repletos de cofres e inmensas fortunas, de cadáveres y niños empaderados.

El túnel no se construyo debajo de la tierra. Simplemente, el camino se fue construyendo y con el paso del tiempo, al menos doscientos años tardo en construirse ese supuesto “túnel”, el cual fue techado y después escondido en medio de las lomas, ocultado por la tierra, las hojas de los árboles, la vegetación, las piedras volcánicas; la puerta secreta para acceder a la “boca del diablo”, era y sigue siendo el convento de los carmelitas. Y para eso, Thompson había contactado ya, a una exmonja del convento, quien podría llevarlo a ese lugar.

Scott algo incrédulo, pero al mismo tiempo deseoso de creer que era cierto, decidió optar por lo segundo. Dar por cierto la existencia de esos supuestos “túneles” para emprender la búsqueda de ese tesoro, haciendo los trabajos de excavación y talado de árboles que fueran  necesarios, para descubrir ese tesoro escondido. Pero antes debía de tomar una decisión jurisdiccional. ¡Terminar la guerra de una vez¡. Para ello debía dejar firme la decisión de darles a cada uno de los prisioneros de guerra, los traidores y desertores irlandeses, cincuenta latigazos en sus respectivas espaldas, por haber traicionado la confianza de los Estados Unidos de América. Luego debía también de convalidar el castigo de marcarles el rostro a cada uno de sus prisioneros, para que por vida y en todos los lugares a los que estos fueren, la gente los identificara como los traidores que habían sido; y finalmente, algunos de ellos, debían de ser ejecutados en la horca.

De nada sirvieron las pequeñas gestiones que algunos diplomáticos mexicanos hicieren por la suerte de aquellos miserables irlandeses, a los que el gobierno mexicano, consideraba como nacionales. ¿No había perdón ni olvido para los traidores americanos. Cientos de desertores tuvo también el ejército americano, pero los únicos que fueron castigados con todo rigor, eran precisamente aquellos que se habían sumado a las filas del ejército mexicano para formar ese supuesto batallón denominado “San Patricio”. Ahora que Scott había tomado la decisión de no dar marcha atrás con los castigos corporales a los soldados traidores y desertores, debía resolver finalmente, el plan final para acabar con el último reducto de la defensa mexicana.

Como si en ese momento dios lo escuchara; un mensajero acababa de llegar para entregarle una carta al general Scott. Se trataba una misiva de Trist, ministro con plenos poderes del gobierno americano, para negociar la paz y así celebrar, llamase como se llamara, el tratado de paz o la compraventa forzosa de los territorios inhóspitos de México. El Embajador Trist comunicaba al general Scott que tras intensas negociaciones y haber cedido en el proyecto de tratado, los territorios de la Baja California, Chihuahua, Coahuila y el paso del Istmo de Tehuantepec; los representantes del Gobierno mexicano no aceptaron la propuesta, ni menos aun el ultimátum que se les había concedido. Las conversaciones de paz se habían interrumpido, y con ello, se contaba con el término de cuarenta y ocho horas para reanudar la guerra.  Si México perdía su territorio o desaparecía del mundo como nación independiente, sería por culpa de ellos y solamente de ellos y nada más. No habían ofrecido la paz generosa ofrecida por los americanos, ni los quince millones de pesos que estos recibirían a titulo de indemnización. México sufriría los efectos de su segunda conquista y con ello, la responsabilidad histórica por los hechos que ocurrieran después.

Thompson cambiando de tema, instó al general Scott a iniciar su ataque final, desbaratando las últimas fortificaciones de la ciudad de México. Casa Mata, el Molino del Rey y finalmente, el Castillo de Chapultepetl. De obtener el triunfo en esas plazas, el Gobierno mexicano cedería todo; pues la próxima paz no sería susceptible de negociarse, sino simplemente, de rendirse.

-       Existe un motivo importante para asaltar Casa Mata. En ella se funden cañones del ejército enemigo, además de ser una fábrica de pólvora de donde se nutren los mexicanos. Podrían elaborarse en dichos talleres, hasta trescientos rifles por día. Los suficientes para poder armar a todos los reos de la Ciudad y ponerlos en nuestra contra; disfrazar a los muy criminales de todo un ejercito que nos podría darnos fuertes dolores de cabeza. Desbaratando Casa Mata. La victoria será inminente. – Aseguro Thompson – pues con ello, acabaremos toda la producción de armas que pudiera usar en contra nuestra el general Santa Anna.

Scott tenía muchas cosas que hacer. Buscar el tesoro escondido, convalidar la sentencia del Consejo de Guerra respecto a los soldados desertores del autodenominado Batallón de San Patricio y ejecutar el ataque final sobre las últimas fortificaciones de la defensa mexicana. ¡Resolver esta guerra lo mas pronto posible¡. ¡Hallar un tesoro para Norteamérica¡. ¡Aumentar su poderío militar y político en la región¡. ¡Ser porque no, el futuro presidente de los Estados Unidos.

Scott estaba a punto de vivir, el capitulo mas importante de su vida.



domingo, 23 de octubre de 2016

CAPITULO 69


Frente a la presencia de los CC. Generales José Joaquín Herrera, Ignacio Mora, los licenciados José Bernardo Couto y Miguel Atristáin; don Manuel Crescencio Rejón termino de leer el documento que tenía en sus manos..

-      ¿Qué es eso?. – pregunto Antonio López de Santa Anna al diputado Manuel Crescencio Rejón, frente aquella mesa rectangular, donde se encontraban también algunos de los oficiales del ejército mexicano.
-      Eso, es una sentencia de amparo.- respondió con gusto don Manuel Crescencio Rejón.
-      ¿No entiendo?. ¿Una sentencia de que…?
-      De amparo general. Una sentencia de amparo.
-      Ya sé que lo promovió esa vieja de nombre Amparo, lo que quiero saber es de que trata ese documento.
-      Ese documento es una sentencia de Amparo. Del juicio constitucional del que siempre le he hablado. Del que tutela las garantías individuales que establecen los derechos fundamentales de las personas.
-      ¿Juicio de acambaro, amaro o mambaro?, ese del que tanto habla don Manuel.
-      Juicio de Amparo general, de Amparo. ¡Recuérdelo¡.
-      Sigo sin entender que chingados es.

Molesto el general recorría de un punto a otro, su oficina. Al mismo tiempo que existía Incredulidad para algunos de los testigos, para otros, un total desconocimiento de lo que decía ese documento, empezando por el general en jefe del ejército mexicano y titular del poder ejecutivo, que no sabía los alcances de ese “amparo” concedido.



-      Una sentencia de amparo es el veredicto que dicta un juez, para pedirle a cualquier funcionario del Supremo Gobierno o diputado del Congreso, se abstenga de ejecutar cualquier acto que atente contra las garantías individuales de los gobernados.  Recuerde general que las garantías individuales, son los derechos fundamentales que tienen las personas, derechos inalienables e irrenunciables, como son el derecho a la propiedad privada, a la libertad, a la seguridad jurídica, derechos que como máximo funcionario del Supremo Gobierno que dignamente encabeza, debe respetar de todo ciudadano y habitante del territorio nacional, sin importar su sexo, edad, inclusive, hasta de su nacionalidad. En el caso particular, se le instruye como representante del Supremo Gobierno, a que Vos y sus subalternos, respeten el derecho de propiedad que tiene la señora Amparo Magdalena, sobre la casa ubicada en Villa de San Ángel.

El general un poco incrédulo, siguió caminando por aquel salón del Palacio Nacional. Tratando de guardar la calma.

-      Don Manuel; no sé de qué patrañas me este hablando. No puedo creer que esas teorías extravagantes francesas y americanas de las que siempre habla, las exponga nuevamente en este preciso momento en que los invasores, quieren firmar la paz a cambio de arrebatarnos Texas, Nuevo México, la Alta y Baja California, Coahuila, Chihuahua, Sonora, y el libre paso por el istmo de Tehuantepec;  ¿No es así general Herrera?
-      Así es general – contesto don José Joaquín Herrera.. 
-      No entiendo don Manuel, que diablos, en estos momentos en que estamos negociando una paz digna, no entiendo de donde me sale eso del juicio de mamparo.
-      De amparo general,  juicio de amparo.
-      De amaro, mamaro, paparo, de cómo se llame don Manuel; no entiendo porque diablos me hable de esos temas, habiendo otros mas importantes para la nación, como lo son las conversaciones de ese tal Trist que viene a firmar con nosotros la paz que finiquite esta guerra, y Vos me habla de ese fallo judicial. ¿Qué diablos tiene que ver eso?.
-      General, yo sé que no es el momento para entrar mas en detalles. Pero vos me pidió le explicara sobre el contenido de este documento y le explicará lo que debía de proceder.
-      Claro que no es el momento don Manuel; estamos pasando por un momento difícil en la historia del país; hemos perdido más de diez mil hombres en esta guerra, las pérdidas materiales seguramente ascenderán a cinco o diez millones de pesos; estamos en riesgo de perder más de la mitad del territorio nacional y usted me habla, de una sentencia judicial. ¡Que inoportunos¡. ¡Sólo eso me faltaba¡. Generales rebeldes, tontos y con iniciativa; soldados maricas y desertores y abogados leguleyos, que invocan acciones judiciales de maparo.
-      Amparo general.
-      De cómo se llame don Manuel; que importe el maldito nombre que tenga, si lo que fuera es una tontería, una verdadera y absoluta tontería que atenta en estos momentos, contra la razón y la elocuencia; quién diablos se le ocurre promover una acción judicial de esta medida e irme a la oficina, a interrumpirme en estos momentos, cuando estoy trabajando por el bienestar de la nación y sale vos, con ese extraño documento a decirme que es algo urgente. ¡Que no tiene consideración¡. ¡Que no es acaso un hombre letrado y de razón, para entender que existen razones fundamentales que son prioritarias y mucho mas importantes que lo que puede contener esa escritura. ¿Estamos hablando de la soberanía¡. De la independencia, de la patria, del futuro del país,  del fin de la guerra, de la paz en toda la república; y Vos me sale a interrumpir con ese pasquin de cuatro fojas, diciéndome que es importante.
-      Lo siento general. Pero tengo la obligación de informarle sobre este documento.



Santa Anna rompió toda compostura y arrebato en forma brusca el documento que tenía en las manos el diputado Rejón, quien se dispuso a leerlo personalmente. Su asombro aumento mas al leer algunos renglones.

-      Acta de reformas. Qué diablos es el acta de reformas.
-      El acta de reformas es la ley fundamental que rige a la nación.
-      La ley fundamental que rige la nación son mis vuevos abogado. – se rieron todos. – no hay mas ley en México que lo que yo disponga, ordene y ejecute; ninguna acta de reformas, estatuto, bases orgánicas, constitución o como se llame, va a prohibir lo que mi santa voluntad ordene. ¿Entiende abogado?. ¡.Ninguna ley está por encima de mis designios¡. ¡Ninguna ley¡.
-      General usted convoco a una nueva Constitución. Juró respetar el mandato de dicha ley.
-      Yo juro ante dios y solo ante él, los seres humanos juramos; no ante una piltrafa de leyes que vienen y se desvanecen como el agua en los ríos; juramos ante el creador y sólo ante él respondemos, ¿entiende abogado?. ¿de donde me saca que jure ante esa ley que se llama Reformas del Acta.
-      Acta de Reformas.
-      Como se llame es igual, ley de papel, de ese que se rompe, se quema, se lleva el viento y se olvida en la memoria del Gobierno.

El generalísimo siguió leyendo el documento, ahora en voz alta, leyó cada párrafo de la sentencia sin poderlo entender el lenguaje de los abogados, no podía concebir mayor concepto de nacionalismo, que defenderse contra el enemigo, lo que le era inadmisible que un  funcionadillo llamado juez, resolviera un expediente en plena guerra…¡Que pendejo está¡….  “…resultaría una contravención del objeto y fin que los legisladores se propusieron, no menos que una muy notable infracción, que inconsecuentemente haría responsable al que la cometiera; que una ley desde el momento que se publica debe ser obligatoria; … ¡Es el colmo, no puedo seguir leyendo mas estupideces¡.  ¡No entiendo¡.  El general estaba desconcertado, indignado, su rostro reflejaba frustración, coraje, incredibilidad. Siguió leyendo aquellas líneas sin poderlas entender, “promovente de garantías”, “disposición constitucional”, más aún su estado de incredibilidad aumento cuando leyó aquel pasaje que decía que no pasaba por  desapercibido “el estado de guerra en que viven las hermanas republicas de México y de los Estados Unidos”, “estado de paz”, “tregua pactada”, “derecho de gentes”, “ propiedad privada”…  de los habitantes de la nación”;… que cúmulo de estupideces. … “ que no obstante de estos argumentos, el Supremo Gobierno encargado del Poder Ejecutivo, no dio contestación a la solicitud de informe justificado que le fue requerido”. … ¿De que informe me habla?.

-      El juez le solicito a Vos, un informe justificado.
-      El juez; así que un infeliz juez es el que pretende ordenarme; quien ha elegido a ese juez, para ponerse por encima de mi autoridad y ordenarme lo que debo o no debo hacer.
-      La Constitución general. El acta de reformas.
-      ¡Mis vuevos cabrones¡…. Entiéndalo bien. Ni el maldito Scott, ni el tal Trist, ni Polk, ni el próximo presidente de los Estados Unidos va a mandarme. ¡nadie¡ ¡ lo entendieron¡. ¡nadie.

El general siguió leyendo el documento, tratando de concentrarse, pudo comprender aquellas palabras: “… se dan por ciertos los hechos…en el sentido de allanar su propiedad … sin que obre mandamiento judicial alguno, ni justificación civil y/o militar fundada y motivada en causas de utilidad pública o seguridad nacional y por ello, violándose un derecho fundamental como lo es, el uso, disfrute y abuso de los derechos reales que tiene la quejosa,…”; …  maldita vieja, habla de violaciones, cuando nunca la he tocado.

-      No general, no se refiere a esas violaciones.
-      ¡Cállese abogado¡. ¡Luego me hace cualquier corrección¡. …hay cosas que no entiendo; cual violación, la casa de san Ángel es mi casa, no la suya, mujerzuela ladrona.

El general molesto, termino de leer la primera hoja y siguió con la segunda foja;  mas aún aquella parte que refería que el juzgado dispensaba a la señora AMPARO MAGDALENA ITURBE ADAMS VIUDA DE MARTINEZ DEL VALLE la protección que esta solicitaba, para que nadie pudiera ocupar sin su consentimiento, su supuesta propiedad sobre la Casona de Tizapán. Pero lo que no alcanzó comprender, era aquella parte de la sentencia que decía: “…. Comuníquese esta disposición al … encargado del Poder Ejecutivo, para el debido acatamiento de este fallo y sus efectos, …”… ¿Qué es eso?. ¿No entiendo?. A quien se refiere como general en jefe y encargado del Poder Ejecutivo.

-      A usted Excelencia.

-      Falta aun mas grave hacía mi persona, llamarme de esa forma; yo que soy el Benemérito de la Patria, General de División, héroe nacional, presidente constitucional; llamarme de esa forma tan vulgar y soez hacía mi persona, a mi, el generalísimo del ejército mexicano, libertador de México, proclamador de la Republica, restaurador de la Federación; no decirme siquiera ni por mi propio nombre, don Antonio López de Santa Anna; esta infamia a la Republica debe cesar; no permitiré jamás que nadie se burle de su Excelencia; es una falta grave a la nación, a vosotros representantes de esta soberanía nacional; bastante tengo con generales insurrectos, soldados desertores y comisionados agiotistas, para tener que lidiar, con funcionadillos judiciales, que pretenden tener mayores poderes que los que la nación me ha conferido. ¿Quiénes ese bastardo quien me ha faltado el respeto de esa forma grave?, ¿Quién es?.

-      Es un Juez.

-      Ese juez debe ser aprehendido e inmediatamente fusilado por traición a la patria; no tiene dicho funcionario porque prohibirme si debo o no debo hacer tales cosas, es un irrespetuoso, un corriente, lépero; que no merece esa investidura;

-      General, yo le pido que se tranquilice.

-      Como pretende que me tranquilice, que no ve que la patria se desmorona; que los Estados Unidos están aquí en México, a unas cuantas leguas, dispuestos a robarnos nuestra bandera, nuestro territorio nacional; nuestra santa fe; de que me pide tranquilidad, que me quede con los brazos cruzados, que sea tolerante con faltas graves como las que me presenta.

-      General créame que no es una falta grave; es una sentencia judicial, en países civilizados, eso es normal.

-      Vos lo dio, en países civilizados, no en México. Eso no es para este país. Al diablo con esas teorías francesas y americanas que no pregonan con la verdad; que no enseñan que hay que robar y despojar al país pobre;  esto es una burla.


El general arrugo las fojas de la sentencia y las hecho al suelo, pisándolo con su bota; ordenando al Coronel Gutiérrez y Mendizábal,  capturara inmediatamente a ese funcionario judicial de nombre Armando Villarejo y lo fusilara por traición a la patria.  Inmediatamente intervino don Manuel Crescencio Rejón, ante la mirada inaudita de todos los testigos.

-      General Santa Anna siempre le mostrado mi lealtad y gratitud, vos me conoce también y sabe bien que siempre con pequeñas discrepancias, pero aun con mas coincidencias, he apoyado a su legitimo gobierno, a quien considero en su persona, mas que a un patriota, a un ser humano noble, de honor y benevolente en sus acciones y pensamientos. Por ello, ruego a Vos, por la vida de ese funcionario judicial, a quien no he tenido la fortuna de conocerlo personalmente, pero a quien reconozco aun sin verlo,  su valentía y conocimiento de la Constitución y las leyes que rigen al país, por haber tenido el gran acierto de haber dado tramite a una acción judicial, que deberíamos enorgullecernos de ella, pero que no por darle tramite, le haya faltado el respeto; ruego a Vos que en su carácter de general en jefe, su sentimiento magnánimo y dispense eso que considera una falta grave.



El creador del juicio de amparo tenía que defender su obra jurídica, hacerle notar a Su Alteza, que siempre en todo momento trato ese tema con el, desde antes de que fuera removido por la revuelta de diciembre de 1844, el recurrente tema que siempre trataba en sus reuniones, en la habana Cuba, cuando regresaron a México, durante su travesía en aquel buque de vapor, cuando ocupo nuevamente la presidencia y le propuso, fuera diputado del nuevo congreso constituyente.

-      Distinguido don Manuel; agradezco su finas palabras a mi persona y también reconozco en vos a un excelente profesional de la justicia; pero quiero que entienda esto.    Si hoy permitimos una falta tan grave, como la que ha hecho este funcionario judicial, el dia de mañana, ningún presidente, llámese Santa Anna o no, podrá hacer algo por el bien del país; paralizado con fallos judiciales tan absurdos como el que pretende defender.  Vos se imagina, un juez cualquiera frenando los designios del jefe de la nación.

-      General, mal interpreta su visión; el juicio de amparo tal como fue aprobado por el constituyente, únicamente protegerá a quien así lo solicite; no es de ninguna forma extensivo ni analógico para casos parecidos; esto es la mejor garantía de su gobierno y quizás el mejor acierto de esta acción constitucional; no frena ni se opone a la fuerza del poder ejecutivo; únicamente dispensa, excusa o bien, ampara o protege, a que la persona beneficiada por dicho fallo, para que ésta sea exenta de que no se le aplique el acto de autoridad que le puede ocasionar daño.  ¡Os juro general, que en ese tenor, no le causa daño esa sentencia¡.

El general se quedo callado tratando de asimilar esa opinión. Claro que le ocasionaba una falta grave esa sentencia, pero ni como explicarlo ante todos los presentes, ese amparo trataba de prohibirle el no allanar una casa de su propiedad, que había comprado él con sus propio dinero y que por motivos de probidad y discrecionalidad política, había puesto a nombre de su viejo conocido el escribano, pero que obviamente, no le daba ningún derecho a su esposa, desconocer quien era el verdadero propietario de esa casa, máxime aún todavía, que  con ese fallo judicial, le pretendía imposibilitar su derecho a entrar a ese inmueble, las veces que este quisiera, así como de buscar en cada rincón de la casa, los títulos de propiedad, de los bienes raíces que había comprado. Y esa razón fundamental, no la podía decir ni en público, ni aún en privado con el licenciado Rejón.

¡Claro que siendo el hombre fuerte del país,  iba a desobedecer dicho mandato judicial¡. Fusilar al juez que le había faltado el respeto y también, apresar a esa mujerzuela que constantemente se burlaba de su autoridad; lo iba hacer para que escarmentaran ambos y para que nadie, absolutamente nadie en este país, se burlara de su investidura y realeza, de ser el jefe de la nación, el benemérito de la patria; su rango de héroe nacional, proclamador de la república, luchador de la guerra de la independencia; comandante en jefe de las fuerzas armadas mexicanas; ni ese juececillo, ni tampoco esa mujerzuela, se iban a burlar de él.

-      No se preocupe don Manuel.- respondió Santa Anna para darle tranquilidad a su fiel asesor – obviamente mintió.

Don Manuel Crescencio Rejón, agradeció con el gesto la benevolencia del general Santa Anna.



Sin embargo, el generalísimo, buen actor en el escenario, sólo hizo una mirada para que el coronel Gutiérrez y Mendizábal lo entendiera; la orden era clara, la confirmó aun mas, cuando este se le acerco y en el oído, el general le instruyo fusilara a ese juez y también, apresara a esa mujer de nombre Amparo Magdalena, dándole amplias facultades para poder inspeccionar cada rincón de la casa, hasta encontrar esos títulos de propiedad, pertenecientes a él y nada más a él.

¿Pero otra pregunta se formuló el general?. ¿Quién diablos promovió este acción judicial en contra mía?. No podría dar crédito el tamaño de la traición y deslealtad, de alguien que siempre pensó iba serle siempre fiel. Su estimado y apreciado abogado. Jorge Enrique salcedo y Salmoran. ¡Pobre pendejo¡. Acaba de cerrarse las puertas para siempre. No aspirara a ocupar ningún cargo importante. Ha traicionado mi confianza y al país entero, con esta acción tan cobarde y mísera ha demostrado ser quien es. ¿Cuanto dinero le dieron?. ¿Que diablos le prometieron?. ¿Porque me ha fallado a mi en estos momentos?.

De esa forma, el general Santa Anna trato de guardar compostura, luego de ese mal rato en que le hicieron pasar los autores intelectuales de ese fallo judicial, que fue la primera sentencia de amparo en la historia del derecho positivo mexicano.

Un amparo que aun le faltaba lo más importante. ¡Cumplirse¡.