domingo, 6 de noviembre de 2016

EPILOGO



La guerra entre México y Estados Unidos concluyó con la firma del Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre la República Mexicana y los Estados Unidos de América,  más conocido como el Tratado de Guadalupe – Hidalgo. De eterna vergüenza y de pesar para todo buen mexicano. Con ellos, México cedería la mitad de su territorio nacional, a cambio del pago de la cantidad de quince millones de pesos. El presidente mexicano quien firmó esos tratados, fue don Manuel de la Peña y Peña.





El general Santa Anna sería destituido de la jefatura general del ejército mexicano, tras sus frustrados combates en Puebla y Tehuacán, huye tras ser emboscado y perseguido por el coronel texano Jack Hays con 600 guerrilleros texanos sobrevivientes de la guerra del 36; huye de él para no ser severamente castigado, después intenta ingresar a Oaxaca, donde el gobernador Benito Juárez le niega la entrada, sigue escondido hasta que finalmente la paz se firma, logrando obtener un salvoconducto que le permita pasar las líneas americanas y regresar a su hacienda el Encero en Veracruz. Instalado ahí, ofrece una comida al Mayor Kenly y al capitán Ford por haberlo protegido de la tentativa de quererlo asesinar algunos resentidos texanos.



El generalísimo partió al exilio, estuvo primero en la Habana Cuba, después en Kingston Jamaica, hasta que finalmente llegó a Cartagena Colombia, donde compró la casa de Turbaco, que había sido propiedad del libertador Simón Bolívar. Desde ahí escribe sus memorias y responde a las falsas acusaciones que por traición a la patria lo han condenado a su destierro. Pide una oportunidad para mostrar a su amado pueblo su valor y patriotismo. Finalmente la revolución del Plan del Hospicio aclama nuevamente su regreso en 1852, lo que le permite regresar al país, para proclamarse en Alteza Serenísima y gobernar nuevamente lo que quedaba del país, casi durante dos años más. El tiempo suficiente para construir una carretera a Cuernavaca, un telégrafo a Guanajuato, acelerar los trabajos para la construcción del ferrocarril a Veracruz y obviamente, vender un pedazo del territorio nacional “La Mesilla”. La revolución liberal del Plan de Ayutla encabezada por el general Juan Álvarez, termina por expulsarlo del país.





Jamás tuvo tiempo de regresar a la “Boca del Diablo”, su amigo el coronel Melgar Gutiérrez y Mendizabal, nunca lo volvió a ver, no supo si regresó al escondite, huyó del país o murió en la guerra, quizás fue capturado por una patrulla texana que lo identificó como asesino de guerra y termino linchandolo, murió desconociendo que fue de su amigo. Ya en su etapa senil, el generalísimo de vez en cuando hablaba de la existencia de aquel tesoro, que alguna vez sus ojos contemplaron, pero nadie le hacía caso, su memoria se confundía con la fantasía, sus anécdotas de valentía, oscurecidas por la duda de la traición; el general ya viejo, desperdició su fortuna, siendo estafado por un colombiano de nombre Dario Mazuera a quien le entrego cuarenta mil pesos y comprara también un buque de vapor por el costo de doscientos cincuenta mil pesos. La estafa fue vergonzosa, viajo a Nueva York creyendo que recibiría treinta millones de pesos para iniciar una expedición a México que terminaría expulsando a los franceses, pero el Secretario de Estado Seward jamás lo recibió. Santa Anna ya de setenta y cinco años, vuelve a ser estafado esta vez por un hungaro de nombre Gabor Naphegyi, a quien le hipoteca sus últimos bienes y le firma varios pagares perdiendo con ello casi toda su fortuna, ingenuó cada vez más el benemérito, es arrestado y encarcelado en San juan de Ulúa, donde enfrenta acusaciones por traición a la patria, para salvarse del paredón, soborna a sus jueces, quedándose ahora casi en la miseria.





El viejo general cree morirse en Cuba, cuando una amnistía emitida por el Presidente Juárez le perdona de todos sus faltas y traiciones, el generalísimo indignado por ello, no acepta el perdón de ese indio zapoteco, sátrapa e hipócrita, pues no se considera en ningún momento de su vida en traidor de la patria, regresa a la ciudad de México, ya cuando el presidente Juárez había fallecido. Apela el pago de su pensión que no recibe, solicita audiencia con el presidente Sebastian Lerdo de Tejada quien nunca lo recibe, así sólo, ignorado, en la miseria, el generalísimo vuelve a ser estafado por hombres sin escrúpulos que le entregan los huesos de la que dicen fue su pierna, viviendo del dinero prestado de sus yernos y con los huesos de su pierna profanada, el generalísimo muere viejo, encorvado, en medio de una diarrea que termino por ensuciar su cuerpo de su misma mierda.





Cuando murió el general Antonio López de Santa Anna ya habían muerto los hombres de su generación. Agustín de Iturbide, Anastacio Bustamante, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Manuel Gómez Pedraza, Lucas Alamán, Valentín Gómez Farías, hasta sus enemigos J. Polk, Z. Taylor, W. Scott y el indio oaxaqueño zapoteco Benito Juárez García. No hubo funerales de estado, su nombre borrado, censurado, maldecido, pero nunca jamás olvidado.





Durante las fiestas del centenario, una comitiva de historiadores dio a conocer la verdad de los hechos ocurrida en el Castillo de Chapultepetl, cuando funcionó como Colegio Militar. Ante la posibilidad de rendir un homenaje a los cadetes sobrevivientes, el general y entonces Presidente de México Porfirio Díaz, decidió suspender cualquier evento que enalteciera a excadetes que con el paso el tiempo se convirtieron en miembros activos del partido conservador, enemigos de la república y de Juárez, así que sólo decidió únicamente rendir culto a los seis cadetes muertos de aquel trágico 13 de septiembre de 1847, entre ellos, el de Jesús Melgar. (Más conocido en la historia, como Agustín Melgar).





Años después, en 1947, el ex Presidente Miguel Alemán Valdes, con el ánimo de fomentar el patriotismo mexicano, ordena la creación de una comisión, encabezada por militares y medicos forenses, el cual "descubre" los restos de los niños heroes; decidiendo sobre sus supuestos restos, una vez "cerciorados" de ser los autenticos restos, edificar la construcción del Monumento a únicamente a los seis niños heroes que murieron en la batalla de Chapultepetl.  Ya para el 28 de octubre de 1947, se decreta en el Diario Oficial de la Federación, el "reconocimeinto oficial" de que los restos descubiertos el 25 de marzo de 1947, corresponden a lo que "la tradición popular", ha denominado como "Los Niños Heroes de Chapultepec";  construyendo así también, uno de los mitos más criticados de la historia oficial mexicana.


Por otra parte, el secretario del Juzgado Armando Villarejo logró sobrevivir de los golpes que recibió por haber dictado la primera sentencia de amparo, temeroso de su suerte, se repuso de las lesiones inferidas y se dirigió a San Luis Potosí, donde por aras del destino, terminó convirtiéndose en Juez y volviendo emitir esta vez, la primera sentencia de amparo reconocida por las autoridades del país. El primer amparado fue don Manuel Verástegui y el primer fallo judicial reconocido fue el 13 de agosto de 1849.


La prostituta de nombre Guadalupe, se convirtió en la madrota de un suburbio ubicado por el rumbo de la merced en la ciudad de México. James Thompson el agente americano, regreso a los Estados Unidos con su misión fracasada. ¡Nunca hubo tal tesoro¡.  Murió al año siguiente, dentro de la fe de la iglesia mormorna.



Jorge Enrique Salcedo Salmoran contrajo nupcias con Amparo Magdalena Iturbe Adams, ambos compraron una casa en la periferia de la Ciudad, en Santo Thomas, cerca de San Cosme, donde ejercen la abogacía. Cada tarde, Jorge Enrique se dedica escribir tratados de derecho, cuentos y novelas, una de ellas referente a la Conquista de México por Hernán Cortes y otra más, sobre el Tesoro de Moctezuma, jamás descubierto.



Jorge Enrique enviudaría años después, luego trabajaría para don Ricardo Martínez de la Torre, un fraccionador de la colonia San Fernando, nombrada después colonia Guerrero; con su familia de ilustres abogados, se dedicarían años después en la defensa jurídica del arquiduque austriaco y proclamado Emperador de México Maximiliano de Habsburgo.





La boca del diablo si existió, en dichos terrenos fueron puestos en venta por el gobierno juarista, con las leyes de desamortización de los bienes eclesiásticos dictados en la época de la reforma;  los monjes carmelitas al ver despojados sus terrenos en manos del Estado laico, jamás revelaría la verdad de sus escondites y tesoros acumulados; todo el dinero, el oro, la plata y la fortuna de los aztecas y virreyes, quedarían por siempre enterrados en aquellas lomas.



Para 1950, a más de cien años después de haber quedados enterrados vivos en la “Boca del Diablo”, Ignacio Cienfuegos y sus bandoleros; el señor Mauro Rojas vendió un lote de su propiedad a los señores Nicolás Zarate Balderas y Guadalupe Valle Granados, quienes adquirieron esos terrenos para edificar su casa.



La familia Zarate Granados, fueron los fundadores de lo que hoy se identifica como la colonia “Olivar de los Padres”, ubicada en la delegación Álvaro Obregón, en la Ciudad de México; las evidencias del tesoro descrita en estas páginas son ciertas, pues debajo de ese colonia, yacen escondidos los túneles y los cadáveres de aquellos hombres muertos en desgracia. Así quedo revelado en el año 1956 cuando se construyó la Escuela Primaria María Patiño. Cuando los vecinos del poblado se percataron del tesoro enterrado, decidieron ocultarlo y regresarlo a su escondite, negar lo descubierto, para evitar a toda costa cualquier expropiación del gobierno.




¡Negar lo que todos saben¡. El tesoro escondido del que todos hablan pero nadie se ha atrevido a sacarlo de su sitio donde debe permanecer por siempre. Así insistan los espíritus, los sueños misteriosos, las ideas ambiciosas.




Actualmente, el tesoro del que se apodero los Estados Unidos de América, fue sin duda alguna, los yacimientos de oro en California y el petróleo de Texas; ese fue el regalo de Santa Anna a la nación más poderosa del mundo. Sus extensos territorios, han quedado nuevamente poblados por la sangre latina, que cruzo el río Bravo o que ha vivido en ese lugar, por generaciones de años, constituyéndose así en la primera minoría de habitantes americanos. Posiblemente, dentro algunas décadas, Estados Unidos de América será gobernada por un hispano de descendencia mexicana.





Este es el fin de la historia, … pues moralmente los mexicanos sabemos, que volveremos a recuperar, lo que fue, es y será siempre nuestro….